TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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SEVILLA. Crónica de Andrés Amorós: "La hora de la verdad"

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Diario ABC

 

Me comentaba una vez Marcel Marceau, el genio del teatro de mimo, las dos razones, unidas, por las que él amaba España: el «Quijote» y los toros.
Ante mi sorpresa, me aclaraba: «La novela alcanza su cumbre cuando el caballero ve llegar la muerte y elige ser Alonso Quijano el Bueno. Es lo mismo que hace el torero, en la Plaza: afrontar con dignidad la hora de la verdad, que a todos nos llega alguna vez».
Ése es también -le dije- el título de la película de Francesco Rossi sobre el diestro Miguelín: «Il momento della veritá».
Lo he recordado esta tarde, al ver hacer el paseíllo a Antonio Barrera, de negro y oro, pocas horas después del fallecimiento de su padre.
Sin hacer literatura barata, ¿qué sentiría al pisar el albero? ¿Seríamos capaces, cualquiera de nosotros, de hacer algo semejante?....LEER MAS

 

SEVILLA. Crónica de Zabala de La Serna: "Dos buenos toros de César Rincón"

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Diario EL MUNDO.

 

Antonio Barrera hace el paseíllo descubierto, señalada la manga con un crespón negro, por la repentina muerte de su padre. Se guarda un minuto de silencio. El primer toro de El Torreón es altísimo, cuesta arriba y montado. Fuera de tipo a todas luces. Como marcan sus hechuras, embeste cual buey. Sin humillar nunca. Barrera brinda al cielo y, tras verse sorprendido, le saca lo que tiene y lo que no tiene. Lo mata por arriba y saluda una ovación.

El colorado segundo, también despegadito del suelo pero con mejores hechuras, define su buen aire en el capote en banderillas. Luis Bolívar se trae durante la faena un desajuste de terrenos considerable, porque el toro no es ni muy fuera ni muy dentro: en la segunda raya era. Y es ahí donde le enjareta la mejor serie por la mano derecha. Con la izquierda se empeña en los medios, y en los medios el del Torreón no quiere. Cumple de cara a la gente pero la sensación es de ocasión perdida...LEER MAS

 

SEVILLA. Crónica de Juan Miguel Núñez: "Tarde de emociones a flor de piel aunque huérfana de contenido"

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elconfidencial.com agencia efe.

 

 

Sevilla, 14 abr (EFE).- Tarde de muchas emociones, nacidas en la sensibilidad hacia el sevillano Antonio Barrera, que actuó en La Maestranza habiendo fallecido su padre unas horas antes, y poco que reseñar en lo artístico, hoy en Sevilla.

FICHA DEL FESTEJO.- Cinco toros de "El Torreón", bien presentados, nobles pero con poco fuelle, que "se dejaron" aunque con escasa "transmisión". Sólo el quinto tuvo evidentes dificultades. El cuarto fue un sobrero del Conde de la Maza, manso y peligroso.

Antonio Barrera: gran estocada (gran ovación); y media delantera y dos descabellos (silencio).

Luis Bolívar: estocada (ovación); y media (silencio).

Salvador Cortés: gran estocada (ovación); y dos pinchazos y casi entera (silencio).

En cuadrillas, ejemplar tercio de banderillas a cargo de Luis Mariscal en el tercero, desmonterándose y llegando a sonar la música en su honor. También Paco Peña pareó con pinturería y arrojo al cuarto, aunque sin llegar a saludar.

La plaza tuvo media entrada en tarde entoldada, con ráfagas de viento y ligera lluvia en los dos últimos toros.

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LUTO Y ORO

Un sentimiento de pesar inundó la tarde al conocerse la noticia de que el primer espada, Antonio Barrera, iba a torear estando su padre de cuerpo presente. Un gesto que escondía el deseo de homenajear al padre con un triunfo que tanto ha soñado para el hijo, a quien en su día inculcó la vocación para ser torero.

Sevilla, su plaza de La Maestranza, calibra estas situaciones con especial sensibilidad. El minuto de silencio, de amargura y respeto.

La ovación que saludó Barrera momentos antes de salir su primer toro. Y el brindis al cielo. No cabe más congoja....LEER MAS

 

Última actualización en Jueves, 15 de Abril de 2010 08:32
 

SEVILLA. Crónica de José Antonio Del Moral: "Seguimos sin salir de pobres·"

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Otra corrida de larguísima duración por la inaguantable premiosidad con que se llevó la lidia. Y total para casi nada. Lo mejor de la tarde fueron los dos pares de banderillas que puso Luís Mariscal al tercer toro y con eso está dicho casi todo. De los cinco toros de Cesar Rincón, dos resultaron excelentes aunque flojos en distintos grados: el tercero que medio aprovechó Luís Bolívar dejando escapar un posible triunfo; y el cuarto que se le fue casi enterito a Salvador Cortés por incapaz de templarlo y de ligar las series de los muchos pases que pegó, casi todos por las afueras. Antonio Barrera bailó con la más fea, un primero sorprendentemente desigual y el imposible sobrero del Conde de la Maza que reemplazó al devuelto cuarto por romperse un pitón al rematar contra un burladero.

Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. Miércoles 14 de abril de 2010. Sexta de feria. Tarde nublada con llovizna intermitente y algo más de media entrada.  Cinco toros de El Torreón, muy bien presentados y en su mayoría nobles pero escasos de fuerza.  Por su nobleza destacaron el segundo y el tercero. El quinto resultó peligroso y el sexto el más débil. Por devolución del cuarto tras romperse un pitón al rematar contra un burladero, se lidió un sobrero del Conde de la Maza, muy bien presentado pero imposible por su peligro.  Antonio Barrera (negro y oro): Buena estocada, ovación. Estocada corta y dos descabellos, palmas. Luis Bolívar (celeste y oro):  Estoconazo caído, opción. Media estocada, silencio. Salvador Cortés (marino y oro):  Estoconazo desprendido, ovación. Dos pinchazos y media estocada, silencio. Finalizado el paseíllo, se guardó un minuto de silencio por la muerte, ayer mismo, del padre de Antonio Barrera que fue largamente ovacionado. Destacaron en banderillas, Luis Mariscal, que puso dos pares excepcionales, como también Paco Peña y Pedro Calvo.

Si los carteles de la primera parte de la feria están siendo poco atractivos por la poca categoría de los alternantes, las dos últimas corridas que llevamos vistas han resultado aburridísimas. Antier, por el pésimo juego de la corrida de Palha, y ayer porque pese a las posibilidades que dieron dos de los toros de César Rincón, no fueron aprovechados como merecieron por sus respectivos matadores, Luís Bolívar y Salvador Cortés, ambos necesitados de triunfar en las citas más importantes. Ello, aparte la inaguantable premiosidad con que se está llevando la lidia hasta parecer eterna. Se conoce que los toreros han asumido el tópico de que en el toreo hay que hacerlo todo muy despacio. Pero una cosa es torear despacio y otra esperar a no sabe qué entre suertes y suertes, paseos, ensimismamientos pensativos, tardanza inexplicable de los peones en la brega y de los banderilleros entre par y par. Hay que ser más rápidos, so pena de parecer figuras petrificadas. La lidia debe acontecer lo más dinámicamente posible y sin tantos tiempos muertos....LEER MAS

 

SEVILLA. Crónica de "Barquerito": "Una ofensiva corrida de Rincón"

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TOROS. Crónica de la corrida de Sevilla

Sevilla: 7ª de feria

Dos toros nobles pero de poquita vida, apuntes sueltos de Bolívar, un sobrero de insuperable violencia del Conde de la Maza y gesto profesional de Antonio Barrera

Sevilla, 14 abr. (COLPISA, Barquerito)

Sevilla. 7ª de feria. Nublado. Chubascos en los dos últimos toros. Casi tres cuartos de plaza

Cinco toros de El Torreón (César Rincón) y un sobrero del Conde de la Maza, que hizo cuarto. De llamativa alzada y poderosas defensas la corrida de Rincón, que salió desigual, más ofensiva que guerrera Segundo y tercero, con el fuelle justo, dieron juego. Noble un sexto rebrincado. Mansote el primero; difícil el quinto, que se defendió. El sobrero del Conde de la Maza, del todo intratable.

Antonio Barrera, de azul marino y oro, saludos y silencio. Luis Bolívar, de celeste y oro, saludos y silencio. Salvador Cortés, de azul mahón y oro, saludos y silencio.

EL toro de mejor condición de la corrida de El Torreón fue el tercero. El más bajo de agujas, el de mejores proporciones. Colorado ojo de perdiz, de amplia envergadura, dos tremendas velas, bizco. El pitón derecho era como un garfio jamonero. Se fue a esperarlo a porta gayola Salvador Cortés. Una larga afarolada en el saludo y, a pies juntos o abierto el compás, lances atropellados que violentaron un poco al toro. Era frágil, pero duró y quiso más que cualquiera de los otros. El segundo, alto y sacudido, de esbelto porte, se empleó en la muleta con suave son, pero, flojo o justito de fondo, no pudo rematar de verdad más allá de diez o quince viajes. Forzado, claudicaba. Era toro de templarse mucho.

Ni Salvador Cortés con el ofensivo tercero ni Bolívar con el bondadoso segundo llegaron a rematar tampoco. Más acoplado Bolívar cuando, en paralelo con tablas y en la segunda raya, tiró de su toro sin violencia en dos tandas. Por administrar al toro o por falta de resolución, la faena, breve por fuerza, estuvo, sin embargo, llena de tiempos muertos. Se desdibujó por eso y casi de golpe. La música, que se arrancó con desacostumbrada ligereza, se calló de pronto en señal de castigo.

Tesonero, vertical, Salvador Cortés se embarcó en larga y desigual faena en el toro propicio. Firme el encaje en casi todas las bazas, pero, rígidos, los brazos desplazaron al toro cuando los viajes tuvieron el empuje preciso. Cuanto hubo que ayudar al toro con toques y pulso, salieron enganchados los muletazos y se diluyó el trabajo.

Tan sólo manejable el sexto de corrida; flojo, distraído, sin celo y al cabo rajado el primero; violento y de pedregoso estilo, mirón y escarbador un quinto de espectacular cuajo; y un cuarto que, estrellado contra un burladero de salida, se partió por la cepa el cuerno derecho, y lo llevó colgando hasta el momento de enfilar toriles de vuelta. De modo que el papel de César Rincón como ganadero fue más de escaparate que de pelea. Serio de verdad el envío entero.

Un sobrero del Conde de la Maza de grupas formidables y buena armadura completó la corrida como si fuera veneno. Fue toro de supina agresividad: el dedo en el gatillo, una mano en amago felino por sistema, como las alimañas; cabezazos en furiosos derrotes al venirse por delante, rebañones a media altura. Ese toro de tan taimado carácter se lo brindó al público Antonio Barrera en un gesto sentimental. Por corresponder al cariño con que lo trató la gente.

El padre de Barrera murió  en la noche del martes al miércoles en su pueblo natal, Mairena del Alcor. Pero Barrera cumplió su compromiso de torear el abono de Sevilla. Hizo destocado el paseo, se guardó un minuto de silencio en recuerdo del padre y a su memoria, montera apuntada al cielo desde los medios, brindó Antonio el primero de la corrida, que no quiso pelea sino todo lo contrario. La estocada con que lo tumbó Barrera fue una de las contadas cosas brillantes de la tarde.

La corrida se lidió con abusiva e injustificada premiosidad. Tardanza en llegar a los toros, en ponerlos o no en suerte; pasividad general incluso para llamarlos. La reservonería del quinto, que no invitaba a confianzas; el rebrincadito empleo del sexto. Todo eso se fue comiendo tiempo y tiempo. Llovió un poco, se abrieron y cerraron paraguas, encendieron las luces de la plaza al soltarse el quinto, Cortés volvió a irse a porta gayola con el sexto y a enjaretarle lances de mucho corazón pero desigual dibujo, se atascó el fluido de la última faena y, al menos, fueron breves con la espada todos. Bolívar despeó al quinto de media lagartijera de gran habilidad.

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Postdata para los íntimos:

Ya van siete de abono. Cada vez vale más lo de Oliva Soto. Dan lluvia
para mañana y pasado. Esa expresión de "dar lluvia" por "pronosticar
precipitaciones" es muy sevillana, un resto del lenguaje campero
anterior a la retórica tan de la Sevilla urbana. Tiene gracia el
contraste entre el barroco florido del verbo sevillano y el dar lluvia
como si la regalara el cielo. No ha parado de llover en todo el
invierno, cuentan los sevillanos. Se nota.

Si no llueve, o sea, si no precipita, mañana Victorino y el viernes
Julián (López).

 

 

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