Con él se acopla y entrega Javier Cortés, que volvía a esta plaza, tres años después del grave percance que a punto estuvo de costarle el ojo derecho
Bella corrida de variada condición
Valeroso Francisco José Espada
Madrid, martes, 10 de mayo de 2022. (COLPISA, Barquerito). Las Ventas. 3ª de San Isidro. Estival. 10.440 almas. Dos horas y veinticinco minutos de función. Seis toros de El Pilar (Moisés Fraile). Javier Cortés, una oreja tras un aviso y silencio tras un aviso. Tomás Campos, silencio y silencio tras un aviso. Francisco José Espada, ovación tras un aviso y silencio tras dos avisos. Óscar Bernal, ovacionado tras picar al cuarto.
EL PRIMERO de los seis toros de El Pilar, cinqueño, negro chorreado, armónicas hechuras, fue muy completo. De principio a fin, y un final nada común, pues, echado después de una estocada que pareció letal, se levantó, volvió a agonizar fuera de las rayas y, tragando sangre, tardó un buen rato en desplomarse y morir. Antes de la muerte, una voz anónima pidió para el toro la vuelta al ruedo. Petición desatendida. Todo lo preciso tuvo el toro: movilidad, fijeza, prontitud, codicia, entrega, nobleza. Recargó en varas, vino alegre en banderillas, no se negó ni una sola vez, murió de bravo. Una ovación en el arrastre. Fue el toro de la reaparición en las Ventas de Javier Cortés casi tres años después del grave percance que le costó la pérdida parcial de la visión del ojo derecho. Aquí mismo fue la cogida.