TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Pamplona. Crónica de Barquerito: Morante, contra los elementos, pero con firma propia.

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Zancuda, fuera de tipo y sin fuerza, la corrida de Álvaro Núñez se suma al cupo de decepciones ganaderas de San Fermín

 

Entrega sin reservas de Morante, excelente con el capote, pésimo con la espada

 

Borja Jiménez no redondea con el mejor toro


Pamplona, viernes, 10 julo de 2026. (COLPISA, Barquerito).- 6ª de San Fermín. Bochorno. Lleno. 19.700 almas. Dos horas de función.

Seis toros de Álvaro Núñez.

Morante, ovación en los dos. Borja Jiménez, silencio en los dos. Pablo Aguado, ovación y silencio tras aviso.

MORANTE compareció vestido de mandarina y bordados blancos de pasamanería muy recargados. De haber sido oro moderno en lugar del hilo antiguo, habría pesado el terno un quintal. Modelo sacado de viejas láminas de La Lidia. Las medias, blancas, como fue de rigor en su día. La montera, del tiempo de Guerrita. Al asomar Morante por la puerta de cuadrillas, el ambiente de la plaza estaba envenenado. En una peña de tendido de sol acababa de desplegarse una pancarta de gran tamaño con dos letreros insultantes: “P*** España, P*** Selección”. La reacción de la inmensa mayoría fue inmediata. Ni siquiera hubo batalla verbal. Solo un coro de indignación y condena que no cesó hasta el final del paseíllo. Recogieron la pancarta, que era de dos pisos, un lema encima del otro, veinte metros de eslora, y se apaciguaron los ánimos. Las cuadrillas parecieron ajenas al suceso.

Así que la corrida empezó torcida. No llegó a enderezarse. Apenas un sabroso goteo de cosas caras de Morante, no tanto las del repertorio estudiado como las de idea propia, una larga faena de Borja Jiménez al segundo de la tarde, el único de los seis de Álvaro Núñez que descolgó, metió la cara y tuvo entrega por la mano izquierda en particular, y por esa mano se lo trajo Borja enganchado con la muleta a rastras, y la airosa apertura de Pablo Aguado doblándose con un brusco tercero que iba a cabecear por genio o por falta de fuerzas o por las dos cosas a la vez.

Sorprendió la corrida de Álvaro Núñez por zancuda, larga y pesada. 580 kilos de promedio, fuera de tipo para una ganadería todavía nueva pero planteada em teoría en otra dirección, porque decir Álvaro Núñez es tanto como decir Núñez del Cuvillo, y de la década dorada del hierro. La sorpresa no es novedad en estos sanfermines. Fuente Ymbro se salió por la tangente con una corrida intempestiva de mala nota. Fea y vieja, con tres toros al límite de la edad reglamentaria, la de Victoriano del Río fue por hechuras y no solo por eso la inesperada decepción de la semana. Una y otra, encajadas en el cupo que tienta a los taurinos profesionales. Y la de Álvaro Núñez, por venir avalada con la garantía de Morante, más todavía. “Las buenas”, se dice en el argot. Y de pronto “la buena” ha sido la de Cebada Gago. Para sorpresa de los incrédulos.

Morante hizo de tripas corazón. Un primer toro receloso y cobardón que reculó encogido y parecía asustado fuera de las rayas y un cuarto muy alto de agujas, con tendencia a cabecear, plantado sin ganas, que en manos de un Morante perseverante, inasequible al desaliento, pareció de trato, y no lo tuvo bueno. Con los dos se enfadó sin esconderse, sin perder compás ni perderse en cortes ninguna de las dos faenas, que, ni tensas ni intensas, ni coloristas ni planas, fueron sabias y laboriosas. En una y otra se empeñó en tapar las carencias de los dos toros.

Con el capote firmó los momentos más brillantes de la tarde. Un quite antológico por chicuelinas al primero, tres a cámara lenta en la boca de riego y media sencilla. Y seis o siete verónicas, en madeja, desplegado el capote, todo el vuelo del mundo, las manos altas, que dejaron con la boca abierta a quienes ya había empezado a merendar. Era el cuarto toro.

En el final del paciente devaneo con el primero de corrida, cuando parecía vendido todo el pescado, Morante se sacó de la manga una tanda de naturales monumental. Al cuarto no se cansó de citarlo con la muleta planchada -el cite antiguo, sí- ni de perderle la cara. Y hasta enroscárselo por la derecha. Atrevido hasta para los cites frontales tan fuera de uso. Y además de eso, su asiento encajado, su aplomo. Más molinetes de la cuenta. Y una habilidosa manera de matar. Media en uno, pinchazo y entera desprendida en el otro.

Desacertadísimo con la espada -dos pinchazos, entera trasera y contraria, con descabello en el segundo toro, y cinco pinchazos antes de la entera en el quinto- Borja Jiménez se dejó ir la única oportunidad clara de la corrida: el segundo toro, ligeramente abrochado, cómodo, noble, pronto. El quinto vino siempre al paso, sin meter los riñones, siempre tapado. Pablo Aguado se estrelló con el cabeceo del tercero y con la nota muy negativa de un sexto rendido y venido abajo. Fue uno de los tres toros que hizo la carrera del encierro por delante del buey de guía. Un encierro peligroso, pero sin cornadas. Sí una docena de serias contusiones porque, como cuentan los corredores de edad, los peligroso son los que no saben correr.

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Cuaderno de Bitácora.- Los peregrinos que siguen la ruta marcada del Camino de Compostela entran en Villava siguiendo la margen izquierda del río Ulzama, el más caudaloso de los afluentes del Arga. En el primer punto de parada, una vez cruzado un puente antiguo de cuatro ojos que parece sacado de un cuento, se encuentra una posada para peregrinos. Es de horario restringido. La posada está levantada sobre los restos de una diminuta basílica -ese título tiene- conocida por la Trinidad de Arre. Arre es el pueblo limítrofe de Villava por el norte.


La Trinidad es el asunto mayor de un modesto retablo que representa las tres figuras del misterio. La luz difusa del Espíritu Santo ha sido la única de una mañana anubarrada que estuvo amenazando tormenta. De la vieja iglesia sobrevive un pedacito del ábside. La caída del agua dio origen a un molino o batán que fue harinero en el Medievo, hidráulico y trapero en el siglo XVI y luego ya no sé, porqué el museo o centro de información donde se cuentan todas sus muchas maravillas solo abre sábados y festivos, y me temo que la semana entera de sanfermines se tiene por festiva en toda la mancomunidad de Pamplona.

Al puente y al batán se puede llegar de paseo, un paseo precioso entre arbolado poderoso, desde el punto de la antigusa carretera de Huarte donde el Ulzama rinde aguas al Arga. A un lado de la carretera sigue en pie una fábrica de plásticos abandonada. Plásticos Zozaya. El apellido de un filósofo heterodoxo de la Institución Libre de Enseñanza que daba en Madrid su nombre a la plaza donde estuvo el primitivo matadero, el Rastro. Las naves abandonadas tienen un irresistible atractivo. Luego están las piscinas municipales. Silenciosas por la mañana. Y luego el puente. Y enfrente, al otro lado del río, la Trinidad.
Última actualización en Viernes, 10 de Julio de 2026 21:17