TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Pamplona. Crónica de Barquerito: Galván y Diosleguarde, estreno notable en sanfermines.

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Corrida espléndida y de buena nota de Cebada Gago con dos toros, primero y cuarto, de particular calidad

 

Oficio seguro de Galván con los dos

 

Diosleguarde sorprende por su sereno valor y su sentido del toreo con el sello de la escuela de Salamanca


Pamplona, Miércoles, 8 julio de 2026 (COLPISA, Barquerito).- 4º de San Fermín. Canicular. Lleno. 19.500 almas. Dos horas y cuarto de función.

David Galván, vuelta tras aviso y oreja. Román, silencio en los dos. Manuel Diosleguarde, silencio y oreja.

TODA CINQUEÑA, temibles agujas, tan astifina y afilada como siempre, de hechuras proporcionadas, buena alzada y porte espléndido, la corrida de Cebada Gago sorprendió a quienes esperaban la dosis habitual de díscola listeza que ha sido sello de la ganadería en los últimos tiempos. Sin apenas noticia del temperamento agresivo marca de la casa y, a cambio, notoria nobleza general.

Domado en el caballo el espíritu bélico que se da por descontado en la leyenda Cebada, los seis toros del envío, variados de pinta, pero parejos de lámina, 570 kilos de promedio, sirvieron un brillante espectáculo. Cada uno a su manera. Las fuerzas precisas y no sobradas, pero venidos arriba después de banderillas sin excepción.

No es que la carrera del encierro pueda tomarse como referencia, porque el toro de la mañana y el de la tarde no suele ser el mismo, pero por primera vez en unos cuantos años los seis cebadas corrieron el encierro dócilmente agrupados, sin soltarse ni derrotar ni hacer trabajar de más a bueyes y pastores. Solo un herido por asta de toro en el encierro: una cornada en el brazo de un corredor. Carrera limpia, según la jerga de los expertos. Limpísima. La bonanza del parte de guerra, cruento tantas veces en los encierros de Cebada, se vino a confirmar diez horas y media después. Con los debidos matices propios

En primero y cuarto, el lote con el que al cabo de catorce años de alternativa debutaba en Pamplona David Galván, se reunieron las mejores notas de la corrida. Quebrado por dos duros puyazos, el primero, pronto y repetidor, son del bueno por la mano derecha, solo acusó el efecto del castigo en varas muy a final de una larga faena que tuvo de inicio un alarde -cambios por la espalda de rodillas y en distancia- y cuerpo serio luego, buen compasito en el toreo ligado, figura encajada, sueltos los brazos, el adorno de un abanico antes de la igualada y una estocada trasera que habría precisado del descabello. Pero Galván se negó a correr el riesgo de errar y el toro, que murió de bravo, tardó un mundo en doblar.

Cárdeno capirote, el bello cromo habitual en las corridas de Cebada, el cuarto pasó de visita por el caballo de pica y fue en la muleta el más claro de los seis, el de más ritmo en la embestida. Con él se entendió Galván más que bien, por arriba a pies juntos para asentar al toro en el comienzo, y por abajo luego en una faena prolija, castigada por exceso de pausas y paseos en las transiciones, pero muy lograda en los pasajes con la izquierda en que llegó a enroscarse el toro a placer. Del todo confiado, terminó haciendo las concesiones debidas a la galería -molinetes, circular inverso, desplante- y logró eso tan difícil que es en el toro de la merienda meter a la mayoría en el negocio. Una oreja muy reclamada.

Con dos toros distintos -un imponente tercero remangado bien picado por Alberto Sandoval que esperó en banderillas y amenazó con claudicar y un sexto cárdeno carbonero altísimo de particular agilidad- Manuel Diosleguarde, el nombre sorpresa de los sanfermines de este año, no solo justificó su presencia en la feria, sino que vino a firmar los mejores momentos de la corrida. Su refinamiento con el capote en los lances de lidia y de adorno; su aplomo sereno como muletero; su buen sentido del toreo. El ajuste, los dos toros traídos siempre por delante, ni un tirón, la elección de terrenos, descarado sin gestos de más en los medios, su regusto despacioso para torear al natural, su firmeza. Capaz de apurar las fuerzas del sexto, con el que apostó desde que lo vio salir y seguro de sí mismo para templarse con el tercero en una faena de tal vez más calado. Solo la del sexto tuvo remate con una estocada inapelable. Un serio triunfo.

El segundo fue el toro problemático de la corrida. Encelado con el caballo de la puerta sangró lo indecible -la sangre hasta las dos pezuñas-, cobró tres puyazos a modo, persiguió en banderillas y duró en la muleta solo lo justo. Corto recorrido, la cara arriba. Una faena solo justificatoria de Román, que exageró las tomas de distancia en busca de la inercia del quinto de la tarde, que se acabó soltando luego de una faena de mucho recorrer plaza y de estar Román más pendiente de las peñas de sol que del toro.

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Cuaderno de Bitácora.- Ana la de la Terraza dice que el calor le pone "rabiosa", y más se supone cada vez que abre el horno donde se cuece el pan eléctrico de las grandes cadenas. En Burlada no tengo vista ninguna panadería. Florencio me ha contado entre toro y toro que ayer después de los toros sufrió un golpe de calor. Se lo medio curó con una ducha de agua fría al llegar a casa. El calor está en todas las conversaciones. Hay que hacerse a todo. El calor huele. Igual que la lluvia, digamos la humedad. Ana dice que el frío es estimulante. Dicen que en Burlada hace menos calor que en Pamplona. Algo menos. Será en la Nogalera y en la orilla frondosa del Arga. En la calle Mayor cae el sol a plomo. En la placita de la parroquia escuché a una mujer de edad decir que lo más pena le daba eran los pajaritos, que se van a morir si la cosa sigue así muchos días más.

Última actualización en Jueves, 09 de Julio de 2026 21:06