Una cornada en la zona anal con afección en esfínter y recto
Buena corrida de los Matilla con cinco toros propicios
Borja Jiménez se entrega en tres faenas de pasión
Sevilla, lunes, 20 de abril de 2026. (COLPISA, Barquerito).- 10ª de abono. Veraniego. No hay billetes. 12.500 almas. Dos horas y treinta y cinco minutos de función.
Cinco toros de Hermanos García Jiménez -el quinto bis, sobrero- y uno de Olga Jiménez, quinto de sorteo y jugado de sexto por correrse turnos tras la cogida de Morante.
Morante, una oreja y herido muy grave por el cuarto. Borja Jiménez, oreja, vuelta y oreja. Tomás Rufo, silencio en los dos.
Parte médico: "Herida por asta de toro en margen anal posterior con trayectoria de unos 10 cm, lesionando parcialmente musculatura esfinteriana anal y con perforación en cara posterior de recto de 1,5 cm. Lavado de herida, y reparación de pared rectal y aparato esfinteriano. Drenaje aspirativo en espacia postanal y retro rectal. Pronóstico: muy grave". Fdo: Doctor Octavio Mulet Zayas
EL CUARTO TORO de los hermanos Matilla se le vino cruzado a Morante cuando trataba de fijarlo fuera de las rayas, lo desarmó, arrolló, prendió y levantó en el aire, y le pegó con el pitón izquierdo una cornada en el glúteo. Con Morante tendido de espaldas en la arena, y al quite presto toda la gente, todavía lo pisoteó en la zona lumbar. Inmóvil, inerme, Morante fue conducido a la enfermería en la misma posición de la caída.
La cogida y la cornada provocaron manifiesta consternación. Morante había descargado la lidia del toro, distraído y huido de partida, en uno de sus banderilleros, Fernando del Toro, pero el toro siguió soltándose, y entonces entró Morante en acción. Ganando terreno hacia el tercio, lances suaves bajando las manos que parecieron remedio infalible. Hasta que el toro, ajeno al engaño, la cara arriba, se le echó encima. La impresión fue desoladora.
El parte médico se hizo esperar un buen rato y ya terminada la corrida, que se vivió a partir de la cogida bajo el signo de emociones desatadas por la entrega sin reservas de Borja Jiménez, convertido a su pesar en protagonista obligado. El mismo toro que tan arteramente había herido a Morante tuvo en la muleta son del bueno, pero avisado por la mano izquierda, como si acusara un vicio de manejo.
Los tres primeros de la corrida muy bien hecha de los Matilla habían salido, además, francamente buenos. Muy noble y un punto apagado el primero, con el que Morante firmó de capa y muleta delicias diversas: un recibo mixto de cuatro lances abiertos cosidos con cuatro chicuelinas soberbias, una quinta de propina y una larga de la casa. Luego de la primera vara, un quite a la verónica de corto vuelo. El toro enterró pitones en la media de remate. En un segundo quite a toro picado sorprendió con seis gaoneras ligadas en un palmo, el cuerpo vencido ligeramente sobre el lomo del toro. En muestra de su ambición, Borja Jiménez replicó por chicuelinas en lo que tendría que haber sido, antes de la explosión de las gaoneras, su turno. Después de quites, varas y banderillas, el toro llevaba encima casi dos docenas de capotazos. La faena de Morante fue, a pesar de eso y contra costumbre, de las largas, muy abundante, de exquisito dominio en todas las bazas, a pies juntos, y no, el pecho por delante, por alto o por bajo según convino y con remate, otra de mano baja dibujada a pulso y antes de la igualada, una monumental de seis naturales ligados, dechado del toreo de compás.
Borja salió al ataque y sin freno por el segundo, un toro colorado encendido, rabicano y calcetero, de muy buen aire, con muchos pies, alegría. Brindó a Morante una faena descarada, briosa, planteada y resuelta en la corta distancia, ligada, seguida, caliente y rematada con media caída. Tomás Rufo, muy gruñón, no se entendió con las embestidas templadas y el claro son del tercero.
Desatado, volvió Borja a entregarse con el toro de la cornada, a romper el ambiente de tensión con una apertura de rodillas y una faena jaleada sin medida en correspondencia con los afanes del torero, ajustado, vibrante en los remates con el doble de pecho y terminada con circular invertido cosido con el de vuelta. Pura pasión por las dos partes, torero y público. Sin fe con la espada -dos pinchazos- se dejó ir un triunfo redondo. Gesto de derrota en una vuelta al ruedo amarga. Con ánimos renovados volvió a empeños mayores con el boyante, espléndido sexto de corrida: a porta guyola, lances de rodillas en los medios, apertura con cambios en el platillo, zapatillas enterradas, firmeza máxima, desiguales logros, mejor la mano izquierda que la diestra. El último de los seis toros que ha matado en la feria. El más completo de los seis seguramente. Con un sobrero de casi 600 kilos muy parado Rufo se despidió de la feria sin decir nada.
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Cuaderno de Bitácora.- Duro de ver.





