De muy pobre juego en la muleta, a la defensiva por sistema, una corrida de muy dispares hechuras y decepcionante condición
Entrega voluntariosa y terca de Pepe Moral
Afanoso Damián Castaño
Nervioso Gómez del Pilar
Madrid, 22 mar. (COLPISA, Barquerito).- Corrida de inauguración de la temporada. Primaveral. 14.500 almas. Dos horas y media de función.
Seis toros de Hijos de Celestino Cuadri.
Pepe Moral, silencio tras dos avisos y silencio. Damian Castaño, aplausos tras aviso y silencio. Gómez del Pilar, silencio tras aviso y silencio.
EL PRIMERO DE los seis toros de Cuadri, de cuajo monumental, un tanque de amplio balcón, dio en básculas 668 kilos. Un quinto de 600 kilos y un sexto castaño ensillado pero alto de grupas, estampa rara de ver, muy armados los dos, fueron también toros de formidable volumen, pero sin alcanzar las dimensiones colosales del que partió plaza y, caprichos del sorteo, vino a inaugurar la temporada en Madrid, Ninguno de los tres se ajustó al tipo clásico y fijado en una ganadería de muchas familias pero tan reconocible por su hondura y sus formas como la de Cuadri.
Al reclamo de la ganadería, predilecta del torismo fiscal de las Ventas, se cubrieron casi tres cuartos de plaza. Expectación singular en una corrida inaugural. Pero un fiasco de proporciones parecidas a los tres toros gigantes, dos de los cuales, primero y quinto, sí llevaban impreso el sello identitario de Cuadri. Fue corrida de tres y tres. Trescinqueños, segundo, cuarto y sexto, que se abrieron en lotes. Y tres cuatreños. Entre ellos, los dos monumentos que superaron la barrera de los 600. Fueron sin excepción de pobre prestación en la muleta.
Distraído, parado, mirón, probón, enterado y al cabo a la defensiva, el toro de los 668 kilos fue de inquietante personalidad. Una faena trabajosa, afanosa, honrada y reiterativa de Pepe Moral, que había salido indemne por milagro de un accidentado recibo a porta gayola. Encunado, arrollado, a merced del toro, que no hizo en el suelo por él. Trasteo larguísimo, tres pinchazos, una entera ladeada, dos fallos del puntillero, dos avisos y casi un tercero.
Con muchos pies salió el cuarto de corrida. El torero de Los Palacios le sacó los brazos en lances compuestos de mérito. Uno de los dos toros que se empleó en el caballo -lo hizo el tercero más en serio- perdió las manos dos veces después de banderillas, llegó a enterrar pitones y echó la cara arriba. Una porfía más lógica que la anterior y una buena estocada en la suerte contraria. Murió el toro aculado en tablas. No fue el único.
El segundo, de corto tronco, acapachado, ciento treinta kilos menos que el recién arrastrado, tardo en varas, fue toro geniudo, probón y de poco recorrido. Se quedaba, se metía por las dos manos. Una sorda pelea de Damián Castaño que tuvo sus gotas de emoción en muletazos ajustados y sueltos con la izquierda. Una gentil manera de tragar paquete porque el toro se vendió caro. Un pinchazo soltando engaño, entera ladeada, cinco descabellos, un aviso. Lances valerosos en el recibo del quinto, que Damián se empeñó gratuitamente en poner en los medios para la toma de un segundo puyazo, un trasteo preparatorio con cambios de terrenos y una faena justificatoria a toro parado. Muletazos sacados con tenaza, medios viajes. El más parado de los seis cuadris. Un pinchazo y una entera en los bajos.
Nervioso toda la tarde, a pesar de su experiencia en corridas de aliento, Gómez del Pilar se vio sorprendido por los acostones del tercero, que, demasiado pegado en veras, vino al paso o acostándose y terminó por revolverse y buscar. A todos los toros hubo que llegarles mucho, y las cuadrillas pasaron muy mal trago por eso, y el torero toledano no terminó de confiarse. La lidia del sexto se vivió en medio de una de esas broncas salvajes que de cuando en cuando se viven en las Ventas. Bravucón en el caballo, cobró un primer puyazo muy trasero, arreó en un segundo en que desarmó la vara por la puya -y el piquero Sangüesa los sujetó a pelo con el palo y a salida tapada- y todavía unbtercero que terminó con el toro afligido, reculando, escamado. Una estocada, descabellos. Dos horas y media. Pesaron como plomo.
==============
Cuaderno de Bitácora.- La pizzería peruana de la Avenida de Bruselas, cerrada, se traspasa, adiós. Y aquel olor a orégano a la salida del metro... Se evaporó. Antes que pizzería, el local fue la muy afamada Cafetería Bruselas, con comedor en el sótano. De nota para carnívoros. Carne braseada. La probé asada en sandwich salseadoalguna de aquellas tardes casi olvidadas de los años de Diario 16. En el palco de prensa, invitado por Miguel Ángel Yáñez, un viejo compañero de aquella época. El Ché. Osvaldo Menéndez, de Deportes. Con arraigo asturiano. Buen tipo. Resistió hasta el final. Muchos años juntos en la pelea.
Frente a la puerta del desolladero me encontré a las cinco y media con Victorino Martín. Y le di con mi lengua de trapo la enhorabuena. Por el año pasado, por el anterior, por el otro también, por Sevilla y por Madrid, y por Madrid y por Sevilla. Etcétera.





