Rafael Soto Moreno, el hijo de la Paula
Diario El Mundo. Zabala de La Serna
A los 85 años muere el irrepetible diestro gitano. El capote de Rafael de Paula forma parte del olimpo del toreo, la verónica de bronce, dotada del pellizco de la sangre calé. En el año 2020 lo entrevistamos en EL MUNDO en un encuentro que fue un desgarro, un lamento, un adiós adelantado: "Yo le prometí a mi padre, cuando estaba agonizando, que nunca más iba a tener miedo. Pero tengo miedo. Miedo a la muerte. Soy un cobarde". Esa confesión, pronunciada con la voz quebrada, doblado su cuerpo como una alcayata ya, resumía la verdad de su arte: la conciencia de que el valor sólo tiene sentido si se mira frente al abismo. El irrepetible torero gitano de Jerez, genio del toreo, artista inigualable, irregular, arrebatado de duendes, se fue este domingo después de un largo proceso de deterioro de su salud, a los 85 años de edad
Rafael Soto Moreno nació el 11 de febrero de 1940 en el barrio de Santiago de Jerez de la Frontera (Cádiz), en el seno de una familia humilde y gitana, donde el arte, la lucha y la tradición se mezclaban en el aire sin alharaca. Desde niño no fue un novillero precoz al uso; su vocación se fue gestando, lenta, en la forja de la calle, en el albero y en la mirada de quienes ya intuían en él algo distinto. A los 16 años comenzó a entrenar con el capote y cinco años más tarde, el 9 de mayo de 1957, debutó como novillero en la plaza de Ronda (Málaga).





