TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Madrid. Crónica de Barquerito: Román emociona con dos bravos y distintos victorinos.

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Variada de juego y condición, corrida marcada por el grave percance de David Galván con el primero de la tarde


Román firma una faena de excelente corte y remate, y otra de emociones desatadas y encarecidas por su riesgo


Madrid, sábado, 11 oct. (COLPISA, Barquerito).- 5ª de la feria de Otoño. No hay billetes. 23.000 almas. Ventoso, cubierto, fresco. Dos horas y diez minutos de función.

Seis toros de Victorino Martín.

David Galván, cogido por el primero. Traumatismo craneoencefálico con pérdida de conocimiento, puntazo corrido en cara posterior el hemitórax izquierdo con contusión en parrilla costal pendiente de estudio radiológico. Es trasladado a centro hospitalario. Pronóstico Reservado.

Román, silencio en el que mató por cogida de Galván, oreja y gran ovación recogida en el tercio. Ginés Marín, palmas, silencio tras aviso y silencio tras aviso.

Notable en brega y banderillas Víctor del Pozo. Dos pares tremendos de Iván García.

 

SACUDIDO DE carnes pero armónico trapío, aplaudido al asomar con muchos pies, bello de verdad, el primero de los seis victorinos fue toro de rica viveza, ágil, pronto y elástico. Cumplió en el caballo, galopó en la segunda vara, tal vez se quedara crudo del castigo, esperó en banderillas y tuvo en la muleta fijeza. También una gota de latente agresividad. Como soplaba viento racheado, David Galván se fue a las tablas entre el 5 y el 6, donde parece reinar una falsa calma en tardes revueltas. Ahí se dobló con el toro, pero sintiendo ya su peso, porque en el remate de una primera tanda seguida pero muy laboriosa el toro se revolvió correoso y celoso, y amagó con meterse por debajo. Fue el primer aviso.

Al plantarse al borde de la segunda raya, Galván se vio descubierto por el viento y el toro pareció enterarse. En el intento de una segunda tanda en vertical, de nuevo descubierto el torero, hizo presa el toro, que lo derribó y buscó en el suelo y, antes de verse cercado por capas al quite, prendió a Galván por el chaleco y lo levantó más de un metro. La caída fue a plomo. Se supo luego que con pérdida de conocimiento. La cogida cortó en seco el ambiente de euforia habitual en las corridas de Victorino en Madrid.

Román despachó el toro de pinchazo, entera contraria y descabello. Se intercambió el turno de salida de segundo y tercero. Para Román los que se jugaron en turno impar, y con el tercero vivió su tarde más completa como muletero en su larga carrera en las Ventas. Para Ginés Marín, los pares. El primero de los tres de Ginés, largo y degollado, de fiera salida al lanzarse, las manos por delante, la cara por las nubes, muy castigado en un primer puyazo, embistió al ralentí y humillando por la mano izquierda, pero claudicó. Se había llegado a sentar antes. El viento molestó. Faena declinante. Tras pinchazo y entera tendida, se echó el toro.

El sello clásico y obligado de las corridas de Victorino lo pusieron dos bravos toros de muy distinto carácter. Un tercero aplaudido de salida, de ágil gateo, que se durmió en el peto del caballo, salió del castigo humillando y fue con diferencia el más claro de todos. El más propicio. Y un quinto cinqueño, más ofensivo que los demás, que derribó en la primera vara, reservón y mirón, revoltoso también. No regaló ni un solo viaje. Con el tercer toro se vivieron los momentos felices. A su espontaneidad y asiento tan particulares, Román sumó esta vez su pericia. El gobierno del toro por la mano derecha, fue impecable en dos de las cinco tandas que compusieron una faena de mano baja, ligada, bien rematada, muy segura. Por la mano izquierda no quiso el toro tanto pero la las emociones se habían embalado desde el momento que Román abrió faena plantado en firme, doblándose y acertando con la distancia y el modo del toro. Faena rampante. Cuatro magistrales dobladas para igualar y una estocada por el hoyo de las agujas. Sin puntilla el toro.

La pelea con el quinto fue todavía más emotiva. Por lo mucho que se lo pensaba el toro, entre fijo e incierto, la boca cerrada, gesto violento. Cada vez que selo echó Román por delante, se sintió un alivió colectivo. La tensión fue enorme. No llegó a entregarse el toro ni en una sola baza. No volvió la cara Román, expuesto siempre, desenfadado al desplantarse al borde del abismo. Volcada la gente con él. Una estocada atravesada que asomó. Y una ovación de auténtica gala.

El cuarto, segundo del lote de Galván, derribó, dejó dos charcos de sangre, fue toro elástico con tendencia a abrirse y soltarse. Aunque terminó rajándose, fue toro con trato por su mejor mano, la diestra. Apuesta discreta de Ginés Marín, que no llegó a pasar la barrera del tercer muletazo seguido y en orden. Un pinchazo y entera caída y ladeada.

Menos toro que los demás, el sexto, estampado contra un burladero de salida, acusó flojera y fue noble por la mano izquierda. Por ahí le acabó sacando Ginés los muletazos más logrados de una tarde de muy logros y propósitos muy desiguales. Su otrora infalible espada ha caído en el olvido. Y el verduguillo, también.

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Cuaderno de Bitácora.- Aquel tabanco jerezano de la costanilla de San Andrés en la esquina de Mancebos ha pasado a mejor vida.

Esta mañana estaban cargando en una furgoneta los que parecían últimos enseres y pertenencias. Un fregadero muy pesado, sombrillas plegadas de la terraza de verano, que había ido perdiendo adeptos. Su carta de vinos del país no enganchó. El barrio es muy cervecero. O no se sabe qué.

Será una maldición de los garitos en la plaza de los Carros, donde la estrella fue hace muchos años Aroca, el restaurante que se hizo célebre entre otras cosas por su pollo frito. La receta, de doña María Aroca, que saludaba en la puerta de la cocina a los comensales. Aroca tenía dos salas, separadas por la cocina. Y Doña María pasó a ser parte del paisaje, Los hijos se jubilaron, los nietos no quisieron seguir.

Y luego, poco a poco, empezó a cambiar el barrio. Hasta la invasión de ahora. Ni los dos o tres negocios levantados en el lugar de Aroca ni la cervecería de la esquina de Don Pedro han resistido vivos.

La fuente, los magnolios y el caño de la plaza ahí siguen. Y el muro impresionante de la iglesia de San Andrés. La plaza tuvo aire plácido y provinciano. Ya no.

Última actualización en Domingo, 12 de Octubre de 2025 09:31