Deslucida corrida de Cuvillo en el cierre de San Miguel
Morante deja su firma en media docena de naturales fantásticos
Roca con el público en contra
Discreta alternativa de Javier Zulueta
Sevilla, domingo 28 septiembre 2025. (COLPISA, Barquerito).- 3ª y última de la Feria de San Miguel. Encapotado, fresco. Tres toros con luz artificial, No hay billetes. 12.500 almas. Dos horas y veinte minutos de función.
Seis toros de Núñez del Cuvillo. El tercero bis, sobrero.
Morante, silencio y ovación. Roca Rey, silencio tras aviso y ovación. Javier Zulueta, que tomó la alternativa, ovación y palmas.
SOLO DOS DE los siete toros en liza de Cuvillo galoparon de salida. Uno de ellos, el primero de corrida, fue el de la alternativa de Javier Zulueta. Colorado ojo de perdiz, rellenito, alegre y transparente, muy sencillo, las fuerzas precisas, quebrado por un segundo puyazo, sonecito bueno. La bondad de bizcocho, habitual en su día en la ganadería. Morante, padrino. Roca Rey, testigo. El protocolo propio de las investiduras.
Muy cariñosa la gente con Zulueta, hijo de uno de los dos alguaciles de la Maestranza, vástago de la dinastía de los Lebrija. Sin ser torero de cuna, se le tiene por tal.
Una faena discreta, tímida, abierta en los medios sin demora, demasiado despegado el toreo al natural, solo aseado el intento de compás posado con la diestra, hilván impreciso. Público a favor de obra. La música no se hizo de rogar. Tres pinchazos, una entera, saludos desde el tercio. Poca cosa. Una sinuosa media en el remate de los lances de saludo, un gracioso y seguro galleo con revolera de broche para llevar al toro al caballo y dejarlo de largo. Buenos apuntes de capa. No perdonó quites. Por logrados mandiles en el tercero, un sobrero zambombo de 600 kilos que parecía el padre del torito caramelo de la alternativa. Por chicuelinas alicortas rematadas con lánguida y bella larga en el lombardo quinto, el otro toro que galopó de partida, y que pudo haber sido más de lo que fue.
No se había olvidado nadie de Zulueta cuando volvió a escena de protagonista, ya noche cerrada, con un basto sexto toro que, huido en seguida, se enceló de bravucón con el caballo de la puerta antes de salirse suelto. Para entonces la nota de la corrida de Cuvillo, desigual de traza, era muy pobre. Ni la excepción del primero ni los apuntes no cumplidos de cuarto y quinto sirvieron para paliar la decepción. Segundo y sexto fueron los de peor nota. El uno, feo con ganas, zancudo, frío y ajeno, por mansedumbre manifiesta: genio en la grupa del caballo en un primer puyazo severo y largo, empuje en el segundo, no tan duro pero en serio, y medios viajes a partir de entonces. Morante lo despachó en menos de un minuto. El otro, para concluir la función, por su renuncio a embestir, su aire en el fondo incierto. A este lo tumbó Zulueta de una estocada muy habilidosa, notable por su resolución.
Mientras Pedro Chocolate se agarraba con el segundo puyazo, Morante y Roca Rey se medio abrazaron, y no pasó desapercibido el detalle. Fin de pleito si es que alguna vez lo hubo. Después del agarrón de agosto en el Puerto de Santa María, pelillos a la mar. Cuando el quinto desarmó y cogió a Roca Rey en los medios al cabo de una tanda de redondos de rodilla, Morante apareció al quite con la misma premura que los tres de cuadrilla, con su mano derecha recogió la muleta entonces desarmada y se la entregó al tercero. Una manera de fumar la pipa de la paz. No hubo guerra.
Y menos en esta corrida que no fue de medirse ni de rivalizar. Con apenas media docena de naturales de cadencia y pureza insuperables al cuarto cuvillo dejó sentenciada la cuestión Morante. El júbilo propio del toreo fraseado que enciende a cualquiera. No aguantó más el toro, que se revolvió cuando Morante quiso insistir y por la mano derecha, avisado tras una impropia lidia, se vino directamente al pecho. El acierto en el segundo intento con el descabello llevó también la firma de Morante.
Roca tuvo que pelearse con un público refractario que lo estuvo negando desde el primer momento y que solo cambió de actitud cuando lo vio cogido y casi a merced del toro que lo desarmó. Y pelearse además con el zambombo sobrero, que se empleó en el caballo más y mejor que los demás, se paró enseguida y atacó con la cara alta en embestidas sueltas, nunca dos seguidas. Roca renunció a su repertorio popular, estuvo firme y mató a la cuarta y como mal pudo. Después de la cogida, una primera tanda de rodillas bien tirada, la faena perdió ideas y fuerza. Se puso andarín el toro, hubo que perderle pasos. Y una estocada de la casa: un puñetazo hasta la bola.
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Cuaderno de Bitácora.- (Sobre la coma comida. Para no aburrir más: la coma debería ir después de Mañara: "Una vez fallecido Mañara, (COMA),..." Valdés Leal lo pintó con cara de muerto. Y ya)
En septiembre las tiendas de ropa liquidan a precio de ganga. Se venden, sobre todo, trajes. Trajes de vestir. Para jóvenes y gente de todas las edades. Pero llama la atención lo de la gente joven. En ningún lugar del mundo se trajean tanto.En la Alcaicería vi ayer mucha gente en la liquidación de Cuadro, donde la ropa campera y de oficios. Y en dos de las tiendas de San Eloy, lo mismo. Y en San Jacinto, una que cerraba por liquidación y ya no quedaban ni los restos Ya ha empezado la cruzada occidental para reducir el consumo de ropa. De hombre y de mujer. Lo veo complicado en Sevilla.
El bazar chino de Canaletas vendía ayer los paraguas estilo inglés a diez euros y esta mañana, cuando empezó a llover, a doce. A mí me cobraron diez por preguntar ayer el precio. Ese instinto comercial es un ejemplo de por qué China se está comiendo el comercio mundial.
He vuelto a contemplar los tres murillos del Museo sin apenas testigos. Fue a primera hora. Me ha vuelto a cantar el camello del Moisés y la roca, pero me sigue fascinando la estampa, las jícaras y jarras de época, la sed, la manera de manar el agua, el perro y el caballo, la mirada perdida de Moisés, la admirada de Aarón, el cuadro de figurantes y el color. El color de Murillo y su taller. Los tiñosos del cuadro de Santa Isabel en el lavatorio están sacados de las calles de Sevilla a mediados del XVII.





