
Vienen tiempos difíciles para la fiesta brava en Colombia. La derogatoria de la actual ley, mediante otra que sea aprobada por el nuevo congreso que se elija en marzo próximo es lo único que puede salvar el que se cierren todas las plazas y ganaderías en el hermano país, a partir del 1º de enero del 2027. En la foto paseíllo en la plaza de toros de Bogotá, la capital de la Republica de Colombia, con el coso lleno a reventar, cartel de "No hay billetes".
Situación critica en Colombia, mientras "Colombo" continua su línea de éxito en Europa
Fallo del máximo órgano jurídico colombiano
A propósito de Colombia, las preguntas de un ingenuo
JOSÉ CARLOS ARÉVALO
www.burladero.com
Me asombra el silencio taurino. Me indigna su queja a toro pasado. En Colombia se han prohibido las corridas de toros. Y lo de México está al caer. Y en España, la izquierda radical, que forma parte del gobierno socialdemócrata, propone la prohibición. Y el titular del Ministerio de Cultura, donde está encuadrada la Tauromaquia, y a la que debe defender como patrimonio cultural e inmaterial de España, se declara antitaurino y para empezar elimina el Premio Nacional de Tauromaquia. Sí, me asombra el silencio taurino.
Entiendo, aunque no la apruebo, la prudencia del empresario taurino, gestor de plazas que son de propiedad pública y nunca está seguro de qué color será el próximo propietario de “su” plaza. Entiendo menos la poca operatividad de la Fundación Toro de Lidia, cuya principal misión es defender la Fiesta y sus intereses. Hace cosas, más bien cositas, poco relevantes respecto al tema que nos ocupa. El caso Colombia habría sido una batalla en la que formarse con vistas a la conflagración previsible por estos pagos.
A un espectador ingenuo, le parece escandaloso lo sucedido en Colombia. No entiende cómo un país con 29.203.256 millones de bovinos, y que sacrifica anualmente el número suficiente de reses para comercializar 800 mil toneladas de carne, resulte intolerable a los magistrados del Tribunal Constitucional la lidia y muerte de unos centenares de bovinos bravos. Y no lo entiende, pues a pesar de que debe suponer que el mastodóntico sacrificio de bovino para el consumo cumple unas normas que lo legalizan, más cierto es que los análisis post-mortem han demostrado cotas muy superiores de estrés en los animales sacrificados industrialmente que las de los toros bravos muertos a espada en el ruedo.
Menos claro le parece que con la supresión de las corridas, al legislador le sea indiferente la extinción de un bovino cuya variabilidad genética es superior a la todas las razas bovinas juntas; que es dueño del mapa genético más emparentado con el uro primordial que el resto de los bovinos; que desaparezcan linajes genéticos datados individuo a individuo, generación tras generación, desde hace al menos doscientos años; que se cierre un hábitat paradigmático, el único creado y conservado en Occidente por el hombre para perpetuar el ecosistema del único bovino no domesticado; y, finalmente, que se prohíba a millones de personas su afición porque al poder político no le gustan los toros.
El espectador ingenuo, como quien suscribe, se hace preguntas ingenuas. Verbigracia: ¿Por qué un ex terrorista como Gustavo Petro, presidente de Colombia, es un probo animalista? ¿Por qué Hitler, que no era precisamente un buen chico, fue también un probo animalista? ¿Por qué la izquierda marxista fracasa en todas sus utopías cuando toma el poder y se apunta a cualquier a cualquier causa buenista por extraviada que sea? ¿Por qué los profesionales taurinos españoles no se han solidarizado y apoyado a sus colegas ni colombianos ni mexicanos, menos aún los ecuatorianos y venezolanos?
Este último interrogante desvía las preguntas del ingenuo a los pasivos taurinos españoles. Verbigracia: ¿Por qué si científicos españoles han demostrado que el toro no sufre durante la lidia gracias su singular y potente sistema neuroendocrino, ni siquiera la Fundación Toro de Lidia difunde los resultados de dichas investigaciones? ¿Por qué se acusa impunemente a la lidia de ser una tortura cuando el supuesto torturado es un constante emisor de peligro y todo cuanto hace el torero con el toro le exige jugarse la vida? ¿Por qué se acusa al aficionado de ser el espectador cruel de un juego en el que se identifica con su semejante en peligro? ¿Por qué se prohíbe a los niños ir a las plazas en un país donde hay anualmente 22 mil festejos populares a los que acuden los niños a ver y los mozalbetes juegan con el toro en la calle? ¿Son acaso los niños españoles más malos que los niños ingleses o suecos, países donde no hay toros? ¿Por qué en España ningún animalista dice ni pío ante el hecho de que 25 millones de mascotas viven fuera de su ecosistema? ¿Por qué a los abolicionistas no les importa que la prohibición de las corridas suponga la extinción de una raza bovina única y el desmantelamiento de 400 mil hectáreas de alto valor ecológico? ¿Por qué el sector taurino, que factura anualmente millones y millones de euros no ha creado un gabinete de estudios y comunicación que difunda sus inapelables argumentos?
Sí, lo reconozco, las preguntas del ingenuo son ingenuas. Tal vez por eso las anima la verdad. Y sin embargo, el ingenuo, para no ser pesado, se reprime un aluvión de más y más preguntas. Pero no puede evitar estas dos: ¿Qué les diría el aficionado García Márquez a los colombianos de la prohibición de Gustavo Petro? ¿Y qué les dirían a los españoles los aficionados Ortega y Gasset, García Lorca, Alberti, Picasso, Gerardo Diego, sobre su actual ministro antitaurino de cultura?
“Colombo” mantiene su arrollador paso por ruedos ibéricos
Milagros de la ciencia, el que en la pasada Semana Grande en Bilbao el diestro taribense Jesús Enrique “Colombo” haya estado reapareciendo, poco menos de un mes de dicho percance. Luego en fase de recuperación estar hacer el paseíllo en la recién finalizada Feria de Tovar, que lejos de ser de vital importancia para él suponía la responsabilidad ante una afición que ha sido incondicional con el torero, el cual le ha visto desde su época de becerrista.
«Veni, vidi, vici», como la famosa del emperador romano Julio César, frase más que apropiada en suelo tovareño para el gran torero, quien sin estar al 100 % de sus condiciones físicas ha resuelto con la profesionalidad que le caracteriza. A las tres orejas de Tovar, a los pocos días en suelo español, de nuevo ante el toro que da y quita en ruedos europeos, específicamente en la localidad valenciana de Utiel, donde compartiendo cartel con los veteranos espadas El Fandi y Manuel Escribano, tarde la de este pasado sábado de gran espectáculo por parte del trio de coletas banderilleros, ante una brava corrida murubeña del hierro de Castillejo de Huebra, donde “Colombo” cortaría tres orejas, mientras que Fandi dos apéndices e igual balance para Escribano saliendo en hombros la terna.
Este momento artístico no puede parar, a pesar de aun Jesús Enrique estar recuperándose del fortísimo percance que señalamos, anteriormente, acaecido a finales de julio pasado. Es así como este lunes abrió en suelo peruano la Feria de Tacabamba, distrito de la provincia de Chota, en el departamento de Cajamarca, el cual se encuentra 2035 m.s.n.m., en la que de nuevo la suerte y experiencia le fue favorable ante el lote que correspondió despachar. Al primero de su lote le indultaría, recibiendo los máximos trofeos, siendo ovacionado en su segundo, para salir en hombros, alternando al lado del mexicano Diego Silveti (una oreja) y el galo Solalito (silenciado en ambos) ante reses del hierro de Campo Bravo.
Al momento de redactar esta nota este miércoles por la tarde, estaría Jesús Enrique actuando de nuevo en Tacabamba, pero en esta ocasión cartel de lujo, al lado del onubense David de Miranda y el peruano Joaquín Galdós, estoqueando reses del hierro de Santa Rosa de Lima.





