Los dos primeros de una noble corrida de excelentes hechuras y desigual condición
El lote de mejor nota para un resuelto y guerrero Borja Jiménez
Papel discreto de Paco Ureña y Tomás Rufo
Azpeitia, sábado, 2 de agosto de 2025. (COLPISA, Barquerito).- 3ª y ultima de feria. Nubes y claros, templado. 3.400 almas. Dos horas y media de función.
Seis toros de Murteira Grave (Joaquim Grave).
Paco Ureña, vuelta y palmas tras aviso. Borja Jiménez, oreja tras abuso y oreja. Tomás Rufo, que sustituyó a Emilio de Justo, aplausos y oreja.
Brillantes y celebrados pares de Fernando Sánchez.
MUY COMPLETOS, los dos primeros murteiras fueron sobresalientes. La vibrante aparición del que partió plaza, un toro con muchos pies y proclamada codicia, se subrayó con una ovación. El segundo, enmorrillado, impecables hechuras, tomó capa descolgado, humillando, con un ritmo que iba a ser su seña de identidad. El primero peleó de bravo en el caballo. Lidiado sin criterio, el segundo no se dejó ver en un puyazo medido, pero galopó en banderillas tanto como de salida.
La movilidad, la prontitud y la fijeza fueron notas comunes de uno y otro. El trato recibido no fue el mismo. No le encontró el punto al primero Paco Ureña en una faena de aparatosa apertura -un cambio de rodillas y de largo en la boca de riego, con la que se tropezó y cayó entonces inerme-, irregular ajuste, porfiona, marcada por los enganchones y rematada en cercanías. Una estocada delantera y perpendicular con vómito. Las mismas palmas de salida sonaron en el arrastre del toro.
Muy decidido, Borja Jiménez salió al ataque en el recibo del segundo con una serie mixta en cadena: la verónica cosida con el lance a pies juntos, chicuelinas y media en la boca de riego. No hizo falta atacar después: de largo se vino el toro en un inicio explosivo -cambios a pies juntos, encajado el torero- y de largo en tres primeras tandas en redondo reclamadas a pesar de eso, y subrayadas también, con sonoros gruñidos.
Una suave manera de embestir -el ritmo cantado del toro- y una faena declinante. La postura despatarrada en demasiadas bazas. Brusco el trato con la mano izquierda. Una estocada tendida en la suerte contraria y un descabello. Una oreja. Si el premio y el trabajo hubieran sido mayores, la habrían dado la vuelta al ruedo al toro.
Luego se torció ligeramente la corrida. Cuatro toros más como los dos primeros habría sido una locura. Un quinto salpicado y badanudo con mucha plaza y un frágil sexto estrechito fueron particularmente nobles. Pero el uno, pronto pero justo de compás, no tuvo la entrega de los dos primeros. Y el otro, el que cerraba feria, apagadito, acabó sacando el aire perezoso de la nobleza pajuna. También fue entonces distinto el trato.
Tras una bonita apertura de toreo al paso, Borja volvió a plantear una faena agresiva, a la voz, de perderle al toro pasos pero sin dejar de enredarse con él, eléctrico a ratos, seguro siempre, pendiente también del eco en los tendidos. Un feo pinchazo soltando el engaño y una estocada letal. Tomás Rufo hubo de medir las fuerzas del sexto y no siempre con éxito. Faena llana que concluyó en las cercanías con toreo del revés. Y una estocada redonda.
Los dos toros del intermedio salieron de otra manera. Receloso de salida, el tercero se pegó dos estrellones contra dos burladeros, se soltó del caballo en busca de querencia y a querencia de corrales se volvió a ir más de una vez. Empeño seco de Tomás Rufo.
Afinada durante toda la feria, la banda se animó con el Zacarías Lecumberri. Pero ni así. Sin fuelle, asustadizo y nervioso, cobardón pero no a la defensiva, al cuarto no le convino ni el falso arrimón con que Ureña salvó los muebles.
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Cuaderno de Bitácora.- De los cinco conventos de monjas que tengo registrados en Azpeitia, solo tres siguen ocupados. El de las Siervas de Jesús, frente a la plaza de toros, se cerró hace año y medio. Un sencillo y noble edificio. La hermana Lourdes, la más activa y joven de las siervas, destinada en Palencia después del cierre, ha estado de visita estos días. Es nacida aquí.
Del convento de las franciscanas, un sobrio cuartel en la margen derecha del Urola frente al magnífico Palacio-Torre de Emparan, no tengo noticias. Las altas tapias de su amplio huerto y jardín siguen protegidas por vidrios de cristales rotos.
El sobresaliente edificio de las Damas Apostólicas plantado en Loyola en las primeras rampas suaves del Izarraitz se ha convertido en una casa de retiro y ejercicios espirituales acorde al canon ignaciano.
El hermoso caserón en forma de ele con torreón de iglesia rematada con aguja afrancesada donde se recoge la orden de Jesús y Maria se mantiene vivo y en ejercicio.
En una de las partes del que fue convento de las Esclavas, reconvertido en vivienda social, se ha inaugurado un impresionante Museo de la Montaña, (Mendi Etxe) dedicado al alpinismo de máximo nivel, creación de un montañero de leyenda, Alex Txicón, que tiene reunida una colecciòn de piezas singulares (bastones, piolets, esquís, calzado y equjipaciòn de alta montaña, animales disecados ....) y se ha propuesto, con una ampliaciòn ya en marcha, convertir el museo en un reclamo irresistible para montañeros y curiosos.





