TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

  • Incrementar tamaño de la fuente
  • Tamaño de la fuente predeterminado
  • Decrementar tamaño de la fuente

Azpeitia. Crónica de Barquerito: Una espléndida corrida de Ana Romero.

Correo Imprimir PDF

De estampa sobresaliente, bien armados y de seria conducta seis toros de distinta condición pero todos protagonistas


Tres propicios y tres que no tanto


Oficio y teatralidad de Morenito de Burgos


Apuntes de interés del albaceteño Molina


Azpeitia, viernes 1 agosto 2025. (COLPISA, Barquerito).- 2ª de feria. Bueno, templado. 3.200 almas. Dos horas y veinte minutos de función.

Seis toros de Ana Romero (Lucas Carrasco).

Morenito de Burgos, que sustituyó a Jesús Enrique Colombo, vuelta y oreja tras aviso. Damián Castaño, silencio y pitos tras aviso. José Fernando Molina, aplausos y oreja tras aviso.

 

APLAUDIERON de salida a dos de los seis toros de la bella y seria corrida de Ana Romero. Al segundo, no solo por su trapío, también por la manera de galopar con el estilo inconfundible del encaste Santa Coloma. Al cuarto, por la perfección y la armonía de sus hechuras. La corrida entera había sido la estrella del desenjaule en público del pasado domingo. Privilegio de los toros cárdenos. Lo fueron con distintos matices los seis. Caretos casi todos, máscaras de pelo cano, y singular el primero por ser, además de careto, lucero. Lo más particular, con todo, fue la mancha negra que cubría medio lomo trasero derecho del sexto toro, que fue, además el único frío de salida.

Hubo donde elegir: de sangre caliente y noble entrega los dos primeros, que no pararon de embestir, un quinto alto de agujas más ofensivo que ninguno, un tercero muy buen cortado de poderosos pechos que salía distraído de suertes. Con la excepción del quinto, todos fueron cortos de manos, las cañas muy finas. Una colección de cromos. Los seis cumplieron en el caballo sin soltarse. Estuvo de más un segundo puyazo cobrado por el cuarto. No fueron sencillos de banderillear. Todos impusieron respeto. Hubo palmas en el arrastre para la mayoría. Para el quinto llegó a pedirse en un exceso la vuelta al ruedo.

El espectáculo estuvo, por tanto, donde estuvo el toro. El primero, de largo carrete, noble y repetidor, fue extraordinario por el pitón derecho. Muy codicioso el segundo, claro al entrar en suerte, la carita alta en la salida, pronto en la distancia. En el cupo de los bondadosos, la bondad brava y no sumisa, entró el cuarto, que, acusando el castigo de la segunda vara, esperó en banderillas y se apoyó de partida en las manos pero, en son, fue toro a más. El tercero y los dos últimos salieron de otra manera. El tercero, un punto áspero y pegajoso, no humilló el quinto, tuvo aire listo e incierto un sexto espinoso que, el dedo en el gatillo, no repitió ni dos viajes.

Muy teatral, muy chillón, Morenito de Burgos, regalado con el lote más completo, hizo valer su oficio y su habilidad para manejarse sin apuros y sin entrar en honduras con el toro más propicio, el primero. Paciente, espaciando la faena en espectaculares paseos, se centró con el cuarto y llegó a autojalearse. El diálogo con el toro, a veces más de palabra que de obra, y sus guiños al tendido encendieron el ambiente, Un desplante de rodillas dando espaldas a toriles cuando el toro estaba para doblar estuvo a punto de salirle caro. Un pinchazo y una entera desprendida a paso de banderillas en los dos turnos.

Acelerado y despegado, gritón, Damián Castaño se prodigó en un suma y sigue con el buen segundo, al que pasó solo sobre la inercia pero sin gobierno, y se vio superado por el temperamento del quinto, al que intentó enganchar y traerse por delante, y abrirlo, pero se vio y sintió perseguido. Tres pinchazos, una entera delantera y tres descabellos: la espada fue en el quinto un calvario.

Con el lote duro de roer, los dos únicos toros que parecieron pensárselo y de paso medir, debutó en Azpeitia José Fernando Molina, torero de buen aire, vertical, de viva voz también. Prueba difícil resuelta solo a medias. Sin esconderse, sin poder ocultar tampoco su poca experiencia con el encaste Santa Coloma, anduvo y se estuvo firme de verdad con el sexto, al que acabó pegando de frente tres naturales muy notables.

También al final del trasteo con el tercero, a pies juntos se dejó ir en una tanda valiosa. La estocada del cierre fue de valor. Y un golpe de cruceta perfecto.

===================

Cuaderno de Bitácora.- Los barrios de Azpeitia son, como en tantos municipios guipuzcoanos, de dos clases: urbanos y rurales.

Loyola, tan célebre por ser sede matriz de la Compañía de Jesús, es uno de los rurales, y no el más poblado. Sí el más arbolado. La explanada frontal de la basílica es una suerte de Botánico donde conviven especies de distintos continentes.

Se cree que la mayoría de los árboles se plantaron con semillas aportadas por misioneros jesuitas distribuidos por Asia, América y Oceanía preferentemente. Hoy he sabido que el mayor coeficiente de peregrinos a la Basílica y de viajeros en busca de la llamada paz ignaciana son vietnamitas y coreanos.

La casa natal del santo -Ignacio (Iñigo)- se encuentra escondida y protegida, y convertida en museo dentro de unos de los bloques del templo. La casa es una torre cuadrangular defensiva del siglo XIV. La restauración de la fachada está muy lograda. El interior, teatral. El más poblado de los barrios rurales es Urrestilla, de donde proceden y descienden gentes de particular talento: los Berasategui, Azpiazu, Segurola y Odriozola, por citar cuatro casos que más o menos conozco.

Y luego están los barrios urbanos crecidos a uno y otro lado del río. Los plantados en las rampas del Itzarraitz son los más antiguos. Un primer ensanche en cuesta. En la margen derecha del Urola fueron creciendo todos los demás. De distinto signo. El pequeño barrio de Urbitarte me parece un ejemplo excelente de urbanismo racional y cálido. No todos los barrios destinados a población migrante corrieron la misma suerte.

Última actualización en Viernes, 01 de Agosto de 2025 21:31