Vuelta al ruedo para un sexto toro de escándalo
Dos orejas legítimas para el torero de Espartinas
Una corrida dispar marcada por la casta, la prontitud y la personalidad de otros tres toros
Madrid, domingo, 15 junio 2025. (COLPISA, Barquerito).- Corrida In Memoriam Victorino Martín Andrés. Calor sofocante. No hay billetes. 22..960 almas. Dos horas y diez minutos de función.
Seis toros de Victorino Martín. El sexto, Milhijas, premiado con la vuelta en el arrastre. El ganadero, a hombros con Borja Jiménez en un clima final de euforia.
Paco Ureña, ovación y silencio. Emilio de Justo, palmas y una oreja. Borja Jiménez, silencio y dos orejas tras aviso.
EL MENOS ofensivo de los seis toros de la dispar corrida de Victorino fue, sin contar un cuarto grandullón ajeno e impropio, el de más caja y más carnes. Casi 600 kilos.
Todos los toros se definieron de salida, y cada uno de una manera, pero ese sexto lo hizo con sobresaliente estilo. Pronto como buen victorino, pero más que ninguno, descolgó y humilló en cuanto tomó engaño, repitió sin desmayo y estuvo entregado sin reservas cuando la docena de lances de recibo y fijar de Borja Jiménez terminaron en la boca de riego. Entonces pareció listo para seguir todavía embistiendo. Dos puyazos de bravo bien medidos por Vicente González, se dejó en banderillas por las dos manos -ni esperó ni cortó- y vino a ser en la muleta un toro fuera de serie por su codicia, su ritmo templado, su corazón para repetir y su manera de humillar, y de hacerlo de la misma forma en los muletazos al ralentí como en los que no lo fueron tanto.
Borja Jiménez brindó desde el platillo y se fue sin prisa en busca del toro a terrenos donde tan bien suelen embestir los bravos en las Ventas: entre rayas frente al burladero de sol que une o separa el tendido 6 del 7, junto a la puerta de Madrid. Y ahí fue, sin más preámbulo que dos muletazos de cata, una tupida faena de seis rotundas tandas, cuatro de ellas por la mano izquierda, todas de notable abundancia -muleta arrastrada, cinco ligados y el remate de pecho o con trinchera-, pausas mínimas, sencillo ajuste, figura a veces despatarrada, reclamo con la voz y no solo con los vuelos de la muleta, puesta siempre por delante.
El toro, “el morro pol suelo” en castizo, quiso a todo y siempre. No hizo falta salirse más allá de la segunda raya. Ni descararse sino lo imprescindible. Bastaba con dejarse ir. Por la mano derecha no fue tan redondo el trabajo como por la izquierda. Pero después de tres primeras tandas se había embalado el ambiente y el toro seguía embistiendo como si no hubiera un mañana. Una excelente tanda final y una estocada a sangre y fuego. Las dos orejas, Victorino hijo señalado en su delantera de sol y sombra como triunfador, y matador y ganadero, a hombros juntos porque era obligado compartir la celebración y el éxito.
No solo contó ese toro Milhijas, pero contaron bastante menos los demás. Un primero sacudido y veleto de nervio vivo, fijeza en el engaño y aire caro por la mano izquierda cuyas bondades de fondo solo puso de relieve Paco Ureña en los espléndidos muletazos genuflexos con que abrochó una larga faena. Un vareado segundo hocicudo que descolgó en el recibo, pagó el tributo de dos puyazos traseros y por eso tendió a rematar viajes arriba, y tuvo temperamento de toro listo. Le costó a Emilio de Justo sujetarse y acoplarse en tensa porfía. Una notable estocada.
Justo de fuerzas, celoso y receloso, sin golpe de riñón, el tercero no fue toro propicio. Intentos de toreo por fuera y sin pulso de Borja Jiménez, que mató de infame metisaca en los blandos. Acarnerado, de alzada disparatada, el cuarto fue y vino sin una gota de bravura. Cornipaso, casi cornalón el quinto fue toro codicioso, de noble son y seria conducta. Una larga y desigual faena de entrega de Emilio de Justo, abierta con buenos doblones pero sin llegar a redondear una tanda completa. Cara a cara en los medios. Emoción contagiosa. Y una soberbia estocada.
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Cuaderno de Bitácora.- La próxima, desde Pamplona.





