TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Madrid. Crónica de Barquerito. Una soberbia pero incompleta corrida de Jandilla.

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Lastimado un quinto de hermoso remate, salieron un sobrero mole y un sexto más aparatoso que de fondo


Borja Jiménez firma una faena sencilla pero casi redonda


Castella se hace respetar con un cuarto toro extraordinario


Madrid, jueves. 5 junio de 2025. (COLPISA, Barquerito).-  24ª de San Isidro. Primaveral. No hay billetes. 22.698. Dos horas y veinte minutos de función.

Seis toros de Jandilla (Borja Domecq Noguera). El 5º bis, sobrero.

Castella, silencio tras aviso y vuelta tras aviso. Manzanares, silencio en los dos. Borja Jiménez, una oreja y ovación.

 

MARCÓ EL camino un primer toro que se picó piadosamente, se vino arriba en banderillas, galopó, humilló y repitió por las dos manos, y resistió el trato de una faena eléctrica de Castella.

El segundo se sobrepuso a un estrellón de salida, a un certero pero durísimo puyazo de Paco María, a una abusiva dosis de capotazos de brega o no brega y a una vuelta de campana al segundo muletazo de una faena cautelosa, ligera y prudente de Manzanares, que alternó por los dos pitones sin redondear por el izquierdo, que fue el mejor de los dos.

Bien hecho, más ofensivo que los dos primeros, el tercero terminó de calentar la que se pintaba para entonces como mejor corrida de la feria. Pronto, ágil, codicioso, nervioso también, radiantes embestidas. Firme en el recibo, Borja Jiménez le sacó los brazos en el saludo. Vería entonces el toro mejor que nadie. Fresco de ideas, asentado y ambicioso, se rompió con él sin reservas. Soberbia, la tanda de apertura con media docena de muletazos genuflexos amplios, limpios y poderosos, que enganchó con la gente tanto como con el propio toro, tan formal, tan de fiar, tan completo. Fue faena sencilla, con su gota de teatralidad en las pausas, sabiamente corregida cuando en una segunda tanda en redondo trató Borja de obligarle en exceso. El toro, siempre en la mano, no fue el mismo por la mano izquierda, tampoco el logro de Borja, jaleado sin condiciones. Una estocada sin puntilla.

Con media corrida tan celebrada, justificando Jandilla su papel de casa matriz de tantas ganaderías, saltó un cuarto que fue todavía mejor que cualquiera de los tres primeros. Con más cara también. Lo picaron corrido y poco, lo cerró con maestría después de banderillas José Chacón corriéndolo por delante a una mano -y el galope del toro fue puro ritmo- y Castella abrió faena con fuerza y su de siempre innegociable quietud. Estatuarios cosidos con naturales, trinchera y desdén, todo en una sola pieza. Luego vino el cambiar terrenos, de tablas a los medios, y de apostar por la distancia primero y el acorte encimista al cabo de una profusa faena de aire mayestático, impecable encaje, algún pasaje desmayado y la ligazón que consentía con su fijeza y nobleza el toro. Faltó toreo en serio con la mano izquierda. Corto el repertorio, pero la gente vibró con los péndulos entre pitones, un inesperado cambio por la espalda y el efecto infalible del natural ligado con el de pecho. Muy largo. Un aviso antes de entrar Castella a matar, una estocada desprendida, dos descabellos y casi el segundo aviso.

Y, luego, se torció la corrida en un golpe del destino. Imponente el cuajo del quinto, el mejor hecho de los seis, que vino a rematar en la boca de un burladero y a dejarse en él media vida. Como si se hubiera anclado en él. Un buen rato. Salió del trance tambaleándose, descoordinado. Pañuelo verde. Lo envolvieron los bueyes y entonces pareció recuperar el toro y moverse sin duelo. Ya era tarde. Un problema con las puertas de toriles demoró la vuelta a corrales y ahí se rompió el hilo de la corrida y del espectáculo, que se había embalado. El sobrero, 600 kilos, hondo, bizco, descarado, culata monumental metió riñones en el caballo, salió molido y batido, una costalada y un rebrincarse después, apoyado el toro en las manos. Dos veces sorprendido Manzanares al perderle la cara. Muchas voces. Una estocada. Muerte lentísima, recostado el toro contra tablas sin amago de doblar.

Jabonero sucio o barroso, el sexto, denso, largo y alto, descompensaba el resto de la corrida de Jandilla casi tanto como el sobrero recién arrastrado. Pero galopó, tomó templado el capote de Borja Jiménez rodilla en tierra, se empotró en el caballo, se dolió en banderillas y flaqueó. No le convino la apertura temeraria de faena -tanda de rodillas ligada en redondo en los medios- y fue, por excepción, toro a menos. Tesonero y entregado Borja, arropado por el calor de su numerosa parroquia de las Ventas. Una estocada desprendida de particular habilidad.

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Cuaderno de Bitácora.- Fui testigo en la plaza vieja de Colmenar de la trágica muerte de El Yiyo en una radiante tarde de agosto. Desde una contrabarrera ví también la cornada que un lustroso y astifino toro de Palomo Linares de sangre Graciliano le pegó a Ortega Cano antes de transformarse en torero mayor. En Valdemorillo vi a un novillero de San Martín de Valdeiglesias llamado Juan Lechuga torear al natural con pureza. En San Martín vi a Luis Manuel Lozano torear templado de capa como los grandes clásicos. La de San Martín es una de las plazas más bellas de la provincia. En El Casar vi una corrida de Victorino extraordinaria el año segundo de la pandemia. En San Sebastián de los Reyes les cortó Uceda Leal las orejas a dos toros de Miura. Un año y al año siguiente. Victoriano del Río no era todavía un ganadero famoso.

Última actualización en Jueves, 05 de Junio de 2025 21:18