TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Madrid. Crónica de Barquerito. Una imponente y brava corrida de Victorino en un desafortunado mano a mano

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Ni Paco Ureña, destemplado y machacón, ni Borja Jiménez, desbordado por la casta de tres toros de nota, están a la altura de las circunstancias


Espectáculo intenso pero decepcionante


Madrid, 5 jun. (COLPISA, Barquerito).- Las Ventas. 23ª de feria. Corrida de la Prensa. No hay billetes. 24.000 almas. Muy caluroso. Dos horas y cuarto de función. El Rey Felipe, en el Palco Regio, muy ovacionado al llegar y al despedirse, recibió brindis de los dos espadas.

Seis toros de Victorino Martín.

Mano a mano. Paco Ureña, silencio tras dos avisos, vuelta tras aviso y silencio tras aviso. Borja Jiménez, palmas tras aviso, silencio y algunos pitos.

Álvaro de la Calle, sobresaliente, no fue invitado a intervenir..

LOS DOS PRIMEROS toros de la espléndida corrida de Victorino, cinqueña, muy armada y muy astifina, dejaron marcado el espectáculo. El primero, apenas castigado en varas, por su listeza de toro predador, fue toro al acecho, se aconchó en tablas antes de doblar y puso en aviso a los dos espadas y a sus cuadrillas  El segundo, por su casta torrencial, su agilidad y su fiereza. De las tres cosas tomaron nota los mismos protagonistas.

El primero demandó desde el inicio de la pelea una breve faena de aliño y castigo. Faenas descatalogadas. Paco Ureña optó por un trasteo convencional que no fue más que una sucesión de sustos. A la hora de la verdad el toro se defendió tirando derrotes feroces y desarmando a quien se pusiera delante. Dos pinchazos, una estocada, ocho golpes de verduguillo, llegó a sonar un segundo aviso.

El segundo, el más fiero y difícil de los seis, descolgó nada más tomar capa y, casta creciente, impuso la ley de su velocidad y su celo hasta mediada una insegura faena de Borja Jiménez de más querer que poder. De uno en uno los muletazos de hasta tres tandas primeras en redondo. Cuando empezó a revolverse, a Borja se le atragantó el toro, que por la mano izquierda, crecido, derrotó a mitad de viaje. Un pinchazo, media despendida, siete golpes de descabello, un aviso. Ovación cerrada para el toro en el arrastre.

Largo y flaco, el tercero, descarado y veleto, de una agilidad felina, ponía los pelos de punta al  atacar de largo. Una velocidad nada común.  Para entonces parecía tomada en común la tácita decisión de no enseñar ningún toro en varas, de picarlos al relance o corridos, y de cubrir sin más el expediente en banderillas, cuando los toros, fieles a un carácter fijo en el encaste Albaserrada, esperaron por sistema. No importó que ese tercero, el que menos se empleó en varas, fuera en la muleta toro claro y fiable. Podría haber cambiado el signo de la corrida. Pero no, Una faena tan voluntariosa como movida de Ureña, intentonas por las dos manos, y por las dos quiso el toro, muchos enganchones, mucha exposición también y una estocada sin puntilla. Una vuelta al ruedo protestada.

La segunda mitad de corrida entró en barrena. No por los tres victorinos pendientes, supervivientes de otros tantos tercios de varas demasiado severos. El cuarto cobro más que ningún otro de la feria. Y el sexto, casi tanto como el cuarto. También le dieron leña a un quinto que fue toro de muy suave son. Para honra del ganadero, la corrida fue muy variada de estilo y carácter. En los tercios de varas se hurtó deliberadamente el espectáculo y en la zona 7 las protestas fueron sonoras.

Borja desplazó por sistema al cuarto, que no acusó el quebranto de los dos puyazos sedantes. Toro pronto y no incierto aunque no fuera sencillo estarle delante. Ureña no se acopló ni terminó de entenderse con el quinto, que se abría y dejaba estar más que cualquiera de los demás. Distraído y suelto, desentendido al cabo de una prolija faena. Borja acusó en el sexto, otro de los de buena nota, el desgaste físico y moral de las dos batallas previas. Para los tres últimos toros hubo en el arrastre ovaciones. No era cuestión de sacar a saludar al mayoral.

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Cuaderno de Bitácora.- De todos los edificios históricos de Madrid rehabilitados en los últimos cuarenta años tal vez sea el Cuartel del Conde Duque el más logrado. Una obra maestra. No solo por sus logros plásticos. También por su sentido práctico. Aquí se aloja la hemeroteca municipal, de ricos fondos, una biblioteca pública francamente buena, el mejor archivo musical de Madrid, una sala de conciertos, un cine. dos salas de exposiciones....

Hay de todo. Y del todo, dos patios, los patios del viejo cuartel transformados en espacios solemnes, casi conventuales. Una isla serena en el corazón de Madrid. Junto a los rascacielos históricos: el Edificio España, salvado de la quema, también rehabilitado pero no tan bien como el cuartel, y la Torre de Madrid, que fue en su día un antecedente legítimo de los pisos turísticos. En la Torre vivía Luis Buñuel cuando venía a Madrid.. Julio Cano Lasso fue el mágico rehabilitador del cuartel. Un arquitecto artista. Sus dibujos de cornisas de ciudades son una maravilla.

Todos los palacios del centro han sufrido su debida rehabilitación. Uno de ellos, el de plazuela del Conde Miranda, convertido en edificio de pisos turísticos "de lujo". Casi enfrente del célebre mercado de San Miguel, que lleva en rehabilitación un año.
Última actualización en Jueves, 06 de Junio de 2024 19:51