TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Madrid. Crónica de Barquerito: "Estreno discreto de La Ventana del Puerto en San Isidro"

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Daniel Luque firma los mejores momentos con un quinto toro demasiado frágil


Entrega sincera del confirmante Cristian Parejo con lote propicio


Castella muy empeñoso


Madrid, sábado, 25 de mayo de 2024. (COLPISA, Barquerito).- Las Ventas. 14ª de feria. No hay billetes. 24.000 almas. Veraniego. Dos horas y cuarto de función. Cinco toros de "La Ventana del Puerto" y uno -4º- de "El Puerto de San Lorenzo" (Lorenzo Fraile). Sebastián Castella, palmas tras aviso y silencio tras aviso. Daniel Luque, silencio y silencio tras aviso. Cristián Parejo, que confirmó la alternativa, ovación tras aviso y palmas.

Buenos pares de José Chacón, Antonio Chacón, Iván García y Jesús Arruga. Todos saludaron.

TUVIERON SU AQUEL tres toros de La Ventana del Puerto. Primero y segundo, su aquel pero ningún misterio. Muy cargado de carnes, el uno fue de nobleza pajuna, de ir y venir dócilmente mientras le duró el fuelle. El otro, cinqueño, astifino, abierto de cuerna, cobró antes de varas una abusiva sarta de capotazos gratuitos, y después de varas todavía más, y luego de banderillas no se sabe cuántos muletazos. Exangüe al cabo, fue de embestida acaramelada. Una babosa, dicen los toreros.

Hora y pico más tarde, compareció el toro de la corrida, un muy serio sexto cinqueño que se empleó en el caballo, sacó el  poder que no tuvieron los demás y, además, un ritmo de trantrán más propio de la sangre Lisardo del Puerto de San Lorenzo que de la procedencia Domecq de este segundo hierro de Lorenzo Fraile, que se estrenaba en San Isidro con corrida completa. Toros sueltos, unos cuantos. Y uno de ellos, de premio. No tanto este, que echó de reojo miradas a tablas cuando ya parecía zanjada la pelea.

Como era tarde de confirmación de alternativa, el confirmante, Christian Parejo, se llevó los dos toros mejor calificados y más enteros del reparto. Bullidor y decidido, optó por los cites a distancia con el toro candeal en tres tandas de tensión menguante, ligadas sin apreturas, algo teatrales también. Caló más la primera que la segunda, y la segunda que la tercera. Y entonces empezó a pararse el toro y se esfumó el encanto. En cercanías, a tenaza, muletazos sueltos con la zurda, una estocada al salto y un descabello. Salió a saludar. El notable sexto le vino grande. No solo porque el toro lo fuera, sino porque costó todo bastante más trabajo: acoplarse, ajustarse, templar y rematar. No se cansó ni dejó de querer, pero fue más querer que poder. Prueba dura para torero novel. Una estocada desprendida.

Castella se empeñó con el bondadoso segundo en una faena plana, interminable, un aviso antes de haber pensado en cambiar de espada. Una estocada. Le mandaron algún recado incluso sus fieles de las Ventas. Tan plano como plácido ese trasteo primero. Y, a cambio, la aspereza revoltosa de las embestidas rebrincadas del toro del Puerto que completó corrida, salió derrotado del caballo, no tuvo ni un solo viaje claro ni bueno porque solo se apoyó en las manos y fue el peor de los seis. Un pinchazo, una entera atravesada y tres descabellos. Y otro aviso.

A manos de Daniel Luque vino a parar un lote muy desigual, Un tercero cinqueño muy abierto de cuerna, receloso de partida, las manos por delante, que metió los riñones en dos puyazos muy peleados que iban a pasar factura: se vino abajo sin remedio a los diez viajes, se plantó, la cara entre las manos y Luque se fue por la espada sin tiempo que perder. Una estocada y tres descabellos. El toro estuvo a punto de arrollarlo en el primer intento.

Acapachado, de finas hechuras, elástico, el quinto fue promesa de toro de interés. Promesa no cumplida. Se soltaba sin freno, romaneó en un primer puyazo, tomó el capote de brega de Iván García en banderillas con ganas, estuvo también a punto de sentarse. Luque brindó al público. Al brindis hizo honor con una firme faena de grandes intenciones y preciso manejo, pero desbaratada por la fragilidad del toro, con la que nadie contaba. El pulso seguro tan particular de Daniel sirvió para dibujar muletazos sueltos espléndidos, al ralentí. No una tanda, porque el toro perdía las manos una y otra vez. Un aire enredador descubrió a Daniel cuando trató de traerse el toro en la media altura. Terco, no fue a cambiar de espada hasta que, cerrado en tablas, no le pegó al toro una tanda en redondo a cámara lenta. Un pinchazo, una estocada. Un aviso también.

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Cuaderno de Bitácora.- De la plaza de Santa Cruz y la de la Provincia escribió Ramón Gómez de la Serna que eran "plazas siamesas". Es que están tan fundidas la una con la otra que la imagen es muy precisa. La dos comparten soportales que hacen ángulo. Ese ángulo es el punto siamés del asunto. El espacio de las dos plazas es una ele de anchos brazos. La que fue Cárcel de Corte -ahora Ministerio de Asuntos Exteriores- es el edificio que domina con su grandeza el espacio. Galdós evoca la cárcel y el ajusticiamiento del general Riego en uno de los más célebres de sus Episodios Nacionales, "El terror de 1923".

El ministerio, o lo que de él queda en su vieja sede, fue bautizado como Palacio de Santa Cruz. La parroquia de Santa Cruz, tenida por una de las obras maestras del Marqués de Cubas -torre y fachada, no tanto el interior-, domina parte de ese espacio. Ahí comienza la calle de Atocha, que fue y ya no es una de las columnas vertebrales de Madrid. También la tiene retratada Galdós, pero sin tanta pasión como la de Toledo.

La plaza de la Provincia tiene un aire provinciano. Por los soportales, por la abundancia de pensiones -ahora género maltratado por los pisos turísticos- y por lo que queda, casi nada, de comercio de pueblo cabeza de comarca. La explanada parece un cuarto de plaza mayor, de plaza mayor de provincia. A pesar de las avalanchas de turistas, la plaza conserva un ambiente tranquilo. En tiempos fue cabeza de la línea 4 de autobús urbano. Y hasta eso le daba aire de parada de autobús de los pueblos.

La ceremonia de la presentación de credenciales de los nuevos embajadores se celebra frente al Palacio una vez al mes y cuando toca. Es una vieja tradición. Con la guardia municipal montada y toques de corneta. Los dragones a caballo. Para los embajadores se dispone de rolls royces de colección. Suele hacer sol esos días.

En una esquina de la Provincia con San Cristóbal hay un colmado Bermejo donde se venden dulces de muchas partes: hojaldres de Boñar -la inigualable tarta de trucha-, bollos del Portillo y rosquillas de palo. Etcétera. Todo, a granel, En un mostrador, una rueda giratoria va enseñando los dulces como una vaga tentación.  La Puerta del Sol, a dos pasos.
Última actualización en Domingo, 26 de Mayo de 2024 21:42