TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Madrid. Crónica de Barquerito: "Juan Ortega, espuma de champán"

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Volteado por el quinto toro pero ileso, firma los mejores muletazos de una corrida muy alborotada y castigada por coros de protestas


Una oreja pata Talavante de un primer toro notable


Madrid, Jueves, 23 de mayo de 2024. (COLPISA, Barquerito).- Las Ventas. 12ª de la Feria de San Isidro. No hay billetes. 24.000 almas. Primaveral. Dos horas y cinco minutos de función. Seis toros de Puerto de San Lorenzo (Lorenzo Fraile). Talavante, oreja y silencio. Juan Ortega, silencio y ovación. Tomás Rufo, silencio y ovación. Al terminar la corrida el diestro Juan Ortega pasó a la enfermería, donde se emitió el siguiente Parte Facultativo firmado por el doctor Máximo Garcia Padrós "Juan Ortega fue atendido de un puntazo con hematoma en el gemelo de la pierna izquierda pendiente de estudio radiológico, amén de un puntazo corrido en la región pretibial izquierda. Pronóstico Reservado"

Pares notables de Fernando Sánchez.

HUBO EN LA CORRIDA cinqueña del Puerto un primer toro de 611 kilos distinguido por la armonía de sus hechuras, su prontitud y su nobleza. Frío de salida -no hubo toro que no lo fuera-, fijado con un exceso de capotazos innecesarios, dolido de la primera vara, salió del caballo embistiendo por abajo. Tras la segunda, salió a quitar Juan Ortega a la verónica y se hizo un silencio. Tres caros lances despaciosos, no quiso un cuarto el toro, y media.

Sin contar el recibo por delantales de Tomás Rufo con el tercero, no se vio más toreo de capa en toda la tarde. Toreo de calidad. Rufo firmó un ajustado pero discreto quite por gaoneras con el primer toro de Ortega y Talavante se arrepintió de salir en el tercero a quitar por chicuelinas cuando el toro había dado señales de flaqueza. Un durísimo primer puyazo de José Antonio Barroso y un segundo muy trasero mermaron más de la cuenta a ese toro que pudo haber sido y, por claudicar, no fue.

El toro primero de Ortega, que oliscó de salida, se enceló en un primer puyazo de larga duración que tomó corrido en arreón, y se salió suelto, y todavía cobró jarabe de palo sin emplearse en una segunda vara. Los dos puyazos lo dejaron marcado. Castigado todavía después de banderillas por muchos capotazos de más, se acabó poniendo a la defensiva. Antes de la media docena de viajes ya estaba punteando. Después de la media y de haber enganchado tela, se huyó. Ortega lo había tomado en corto y al borde de las rayas había firmado una tanda primorosa en redondo. Con el toro huido, optó por abreviar. Una estocada caída y delantera con vómito.

De manera que a mitad de corrida se había cortado casi de golpe el buen fluido inicial: la clase transparente del primer toro, que llevaba las orejas colgando, la facilidad de Talavante en una faena salpicada de toreo ajustado con la mano izquierda, y solo por ella, pero de son decreciente y rematada de estocada apurada, desprendida y sin muerte. Una oreja. No sin ligeras discrepancias, y después de algunos años, Talavante volvió a cortar una oreja en Madrid. Pero solo una. Una faena reiterativa y meramente justificatoria de Rufo con el menguado tercero se encontró con palmas de tango y hasta olés de rechifla desde la zona 7. Los toques por fuera no fueron la mejor idea para sostener al toro.

Con el cuarto, tan codicioso como frágil, entre derrengado y descoyuntado después de pelear en un primer puyazo, señales de invalidez manifiesta en banderillas, se vivió el primer escándalo de San Isidro. Talavante tiró por la calle de en medio, cortó por lo sano, dos pinchazos, un descabello y las protestas contra el palco por no haber devuelto el toro.

En cuanto asomó acalambrado el quinto, frío y corretón, arreciaron las protestas. Un toro de muy bonitas hechuras -acodado, armado por delante- pero saludado con miaus cuando Ortega salió a pararlo. Al bajarle las manos, estuvo a punto de sufrir un desarme. Con las fuerzas justas, el toro se convirtió en blanco de una bronca de las sonoras. Echó los bofes en banderillas y pareció soltarse. Como no se cayó, lo mantuvo el palco. A Ortega le había gustado y, sin pruebas, abrió faena con tres notables muletazos diestros, -otra vez los miaus de castigo- y al rematar por la izquierda salió prendido por la entrepierna y feamente volteado. La cogida, sin consecuencias en apariencia, acalló la bronca y dio paso a un vuelco teatral. Sereno y entero, Ortega volvió al toro y a pasarlo por la mano derecha en hasta cuatro tandas breves, incompletas, sembradas de muletazos magníficos, tandas quebradas por la manera de revolverse el toro, avisado por la izquierda, en los remates. Fueron los momentos más brillantes de la tarde. Media estocada y se echó el toro, salvado a tiempo de la quema.

Muy astifino, de remate parecido al quinto pero con bastante más poder, el sexto, muy a su aire, cobró y repitió sin duelo una primera tanda de rodillas y en redondo de Rufo. Entre carnaza y detalle de rigor, la tanda fue falsa promesa. El toro se puso a buscar las tablas de inmediato y a no querer nada fuera de ellas. Un trasteo frío de cabeza pero bien peleado. Y una estocada.

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Cuaderno de Bitácora.-

La galería central de las Ventas, montada en la tercera planta sobre el zaguán de la puerta de Madrid o puerta grande, ha sido adecentada al cabo del tiempo. Se han limpiado las palominas -las cacas de paloma- que tenían marcados el enlosado de ladrillo, las paredes y los reposabrazos del gran mirador con su formidable arco de medio punto que tanto apresto sirve a la fachada de la plaza. Hay quien opina que la fachada de la plaza vieja estaba mucho más lograda que la de las Ventas. Se pueden hacer comprobaciones sobre fotos rancias de época.

La planta de gradas y palcos, la tercera, cuenta con una galería de ronda y con la galería de gala que acaba de ser rehabilitada. Solo que una contrata con la casa Mahou obliga a mantener dos mostradores abiertos. Son las dos únicas piezas muebles de ese espacio. No habrá sido nunca fácil darle digno uso. Todavía falta una mano de pintura en los altos de las blancas paredes. O invitar a algún artista urbano. Y darle libertad de acción. La ronda esté llena de jardineras donde nunca se ha sembrado planta alguna. Sirven de ceniceros. Hay tres o cuatro barras más de la Mahou donde no solo se vende cerveza.

También se ha repuesto el cuerno de oro al toro desmochado del friso del encierro de Sanguino. Lo han acortado y ahora no se cuelga de él nadie. Era muy tentador. Junto a las puertas de las gradas numeradas, no las de los palcos, se han fijado extintores y dos carteles. Uno de ellos prohíbe el acceso con envases de vidrio. Otro, redactado en seis idiomas -español, francés, inglés, italiano, japonés y ruso- advierte de que no se puede acceder ni abandonar la localidad mientras haya un toro vivo en el ruedo.

De momento no se prohíbe fumar en las gradas -todo se andará-. Fumar puros habanos, quiere decirse. Se consiente entrar con bolsas de hielo. Una de ellas, en la andanada del 1, se va derritiendo poco a poco todas las tardes. Como el goteo de las gárgolas de las catedrales góticas.
Última actualización en Viernes, 24 de Mayo de 2024 20:31