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Se torea como se és. Juan Belmonte

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Madrid- Crónica de Barquerito: "Otro excelente Bastonito de Baltasar Ibán"

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Pero de temperamento y estilo distintos de su homónimo, toro leyenda de San Isidro


Corrida de nota en el caballo, pero de juego decepcionante con una sola excepción


Madrid, domingo, 12 mayo de 2024. (COLPISA, Barquerito).- Las Ventas. 3ª de Feria de San Isidro. 15.111 almas. Nublado, estival. Dos horas y veinticinco minutos de función. Un minuto de silencio en memoria del torero palentino Pedro Giraldo, fallecido en la madrugada del domingo. Seis toros de Baltasar Ibán (Cristina Moratiel)

Ernesto Tapia “El Calita”, de México, silencio tras aviso y silencio. Francisco de Manuel, silencio tras aviso y ovación tras dos avisos. Álvaro Alarcón, silencio y palmas.

Juan Francisco Peña picó con categoría al tercero, y Luis Alberto Parrón, con acierto al bravo quinto.

CINCO DE LOS seis toros de Ibán se emplearon en serio en el caballo. Todos ellos, salvo el cuarto, se encelaron contra el peto. El quinto, además de emplearse y pelear, galopó de largo con excelente estilo y salió embistiendo por debajo de las dos varas, tan severas como certeras, todo lo cual provocó la petición sonora de un tercer puyazo. Como si fuera una corrida concurso, que no era el caso.

Con mucha diferencia, fue el toro de la corrida, con el nombre de uno de los legendarios de San Isidro, Bastonito, leyenda también en el impecable palmarés de César Rincón en las Ventas. Parecido solo en el nombre. Sobre todo, porque aquel Bastonito primero se distinguió por su formidable fiereza, en continuo ataque intempestivo, indomable espíritu, y este otro, por su ritmo pautado y fiable.

El uno fue toro de hacer sufrir. El otro, de todo lo contrario. Para acentuar las diferencias, hechuras muy distintas. Corto y bajito, los 500 kilos justos, el toro de Rincón, que fue de salida protestado por chico pero quiso comerse el caballo de pica, y casi casi. Amplio, de cuerna abierta aparatosa, al borde de los 600 kilos, esta nueva versión que puso a prueba el oficio seguro y el sentido de la medida de un piquero veterano como Luis Alberto Parrón y, luego, hizo pasar apuros a los dos rehileteros, dos veteranos de notable hoja de servicios como Daniel Duarte y Javier Sánchez Araújo.

Fue en la muleta toro claro y agradecido por las dos manos, templado galope cuando fue reclamado en la distancia, nobleza, la entrega del toro descolgado y repetidor. Una joya. Abusivamente teatral y gestual, Francisco de Manuel se embarcó en una faena grandilocuente castigada por pausas gratuitas pero no sin méritos propios: aparatosa apertura en la distancia de rodillas en una primera tanda de calentar al personal, y, luego, dos más en la vertical, a campo abierto, en los medios, acompañando más que gobernando el viaje y cortando el fluido cuando el toro pedía más. Bueno fue el toro por la mano diestra, pero todavía mejor por la izquierda, y por ella cuajó De Manuel los mejores muletazos de esa faena rizada, seguida con ligeras discrepancias -el tremendo “se va sin torear” de castigo que proclama una voz anónima de una andanada de sombra- pero distinguida por su afán de no esconderse ni tapar el toro, que tardó en doblar, de estocada y dos descabellos, y quedó sellada, además, por un segundo aviso cuando estaba a punto de rodar el toro, que no será tan celebre como aquel pariente remoto al que Rincón cortó una de las orejas más difíciles de la historia contemporánea de San Isidro.

Pese a su buena nota en varas, la corrida de Ibán fue en conjunto una decepción. El Calita, anunciado en la feria por méritos propios, se llevó el lote de peor trato: un primero de medias arrancadas y la cara arriba en taponazos, y un cuarto distraído y tan falto de celo que no hizo ni por los banderilleros, parado en seco como una estatua. Con los dos toros se puso el torero mexicano sin aspavientos, serio y competente, ofreciéndose y arriesgando. Elegante torería natural. Todo ese afán, sin apenas reconocimiento. Trato tuvo, en cambio, el lote de Álvaro Alarcón. No tanto el tercero, que acusó el castigo de varas pero tuvo su docena de viajes posibles, y mejor el sexto, el de peor nota en varas pero, si contar al Bastonito nuevo, más ligeros viajes en la muleta. Nervioso en su primer turno, Alarcón se esmeró en el segundo, buenos pasajes sueltos, notable resolución, Para entonces, casi dos horas y media de corrida, pesaba el festejo como una losa.

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Cuaderno de Bitácora.- Estuve ayer por la mañana en el mercado de la Cebada, que es mi barrio, y me llamó
la atención que al tomate que antes se llamaba "corazón de buey" se le llame ahora "huevo de toro". El rosa de Barbastro conserva su denominación de origen, pero ahora se plantan tomates de Barbastro en todas partes. No en Barbastro sino en la vecina Graus, en el restaurante del hotel Lleida -estupenda cocina-  en ensalada. El tomate solo. Al final de primavera. A 6 euros con ochenta céntimos. Un riñón. No sé si de buey o de toro.

Muy concurrida la Cebada en mañana de sábado. Los turistas foranos asoman tímidamente. Los fruteros toman precauciones para que no toque nadie la fruta. "Please, if you touch, you pay". Una amenaza. En medio de tanta fiesta de comer, las gambas siguen siendo las reinas del mercado.
Y los primeros albaricoques también.
Última actualización en Lunes, 13 de Mayo de 2024 09:35