TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

  • Incrementar tamaño de la fuente
  • Tamaño de la fuente predeterminado
  • Decrementar tamaño de la fuente

Madrid. Feria de Otoño. Crónica de Barquerito: "Una faena magistral de Daniel Luque"

Correo Imprimir PDF

Cumbre del torero de Gerena con un toro encastado y muy complicado de Santiago Domecq

Premiado con una sola oreja un trabajo merecedor de dos

Madrid, domingo, 10 octubre de 2021. (COLPISA, Barquerito). Cuatro toros de Santiago Domecq y dos -2º y 4º- de Ventana del Puerto (José Juan Fraile) que completaron corrida. El Juli, silencio y palmas. Miguel Ángel Perera, saludos en los dos. Daniel Luque, oreja y ovación tras un aviso. Curro Javier y Javier Ambel prendieron pares brillantes de riesgo. 7ª del abono de otoño. 12.500 almas. Templado, soleado. Dos horas y cinco minutos de función.

UNO DE LOS SÓLO cuatro toros de Santiago Domecq, tercero de corrida, salió listo, renegado y predador. Negro chorreado, cinqueño, cortito, cabezón, tocado de pitones, astifino. De salida fría, pero antes siquiera de manifestarse, ya había cobrado seis lances muy revolados, bien dibujados y ligados de Daniel Luque. En el remate del saludo, notable por su ajuste y su cadencia, vino la primera protesta del toro, que hizo enseguida amago de escarbar y cobardear, de echarse para atrás con aire probón.

Una voz del tendido midió el toro por su presencia y sentenció: “¡Vaya gato!”. El gato vino a revelarse muy pronto como fiera de difícil doma. Picado sin acierto, repuchado en el caballo, estaba por ver en claro cuando Daniel abrió lo que iba a ser una faena por todo magistral. Por su capacidad, su determinación, su seguridad, su dominio, por los riesgos corridos sin aparato ni gestos de más. Por su sentido magnífico del temple. Y por la emoción electrizante pero cautivadora que del trasteo fue desprendiéndose sin treguas ni pausas. Faena completa: desde los ocho muletazos poderosos, mandones y limpios de la apertura hasta los tres o cuatro por delante con que buscó y halló Daniel la igualada. Entre una cosa y otra, tandas de mérito mayor porque, en los viajes humillados, prendido en los vuelos, el toro se volvía protestando y buscando con estilo celoso, y en los provocados, violentado el freno con un arreón y no una embestida, el toro quiso venirse al cuerpo y no a engaño. Daniel consintió sin pestañear. El valor de la sangre fría, tan distinto del arrojo de alarde. Tensión aliviada en los remates de tanda con pases de pecho obligados.

La gente entró en razón enseguida. La faena ya había caldeado en cuanto Daniel, pisando el terreno del toro, pero sin abrumarlo, lo tuvo metido en la muleta, metido y sometido a pesar de todos los reniegos y cornadas al aire, ninguna de las cuales llegó ni a rozar la muleta. Puro malabarismo de Daniel. Sin pretensiones de estilo, la faena toda, embraguetada, respiró por un severo aire campero convertido por arte de magia en exquisito toreo de cámara. Hubo clamor en la plaza. Encastado, porque lo fue, el toro tardó en doblar de una estocada probablemente trasera. Se vino a tablas, pero no para aconcharse en ellas sino para lamerlas antes de echarse aculado al fin. El palco tardó un mundo en atender una petición de oreja que pareció reclamar en justicia las dos. De dos orejas fue esta faena prodigio.

Toco cuanto pasó antes y después de esa faena resultó de menor dimensión. Un primer toro de Santiago Domecq corretón de salida y andarín después, y El Juli se limitó a hacer ver al toro lo que del toro se vio. Bien poco. Un noble toro de La Ventana del Puerto, segundo de corrida, de mucha más nobleza que gasolina y al que Perera toreó despacio de capa y primorosamente después. Vertical, elegante, formal. Por extensa, faena de más a menos.

Después de la cumbre de Daniel no es que el espectáculo se viniera abajo, pero ninguno de los tres toros restantes aguantó la comparación con el recién arrastrado. Rebrincado, pegó muchos cabezazos el cuarto, de La Ventana, que El Juli, muy arrancado, trató de meter en vereda a base de latigazos secos con una y otra mano. Toro muerto de bajonazo infame. Anovillado, castigado con los miaus de rigor, el quinto, con el que Luque firmó un brillante quite por chicuelinas, aguantó muy lo justo. La apertura de Perera, de acento mexicano -a pies juntos, telones ligados sin enmienda-, fue muy celebrada. Tandas, luego, cortas por necesidad. Y una buena estocada.

Con Luque estaba la gente cuando salió un sexto de mucha culata. Un recorte para dejar al toro en suerte antes de la primera vara, un jaleado brindis al público y una faena de no poca disciplina y bastante ciencia, pues, flojo, apoyado en las manos, la cara arriba, no descolgó el toro, que acabó defendiéndose. Encajado entre pitones, Daniel volvió a pisar terreno minado. Sin respuesta del toro. Sí de la gente. Una estocada notable.

Última actualización en Domingo, 10 de Octubre de 2021 21:47