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Se torea como se és. Juan Belmonte

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Madrid. Crónica de Barquerito: "Desafortunada apuesta de Antonio Ferrera"

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Saldo muy pobre de su segunda aventura en las Ventas como único espada

Poco propicia la desigual corrida de Adolfo Martín

Un sobrero bueno de Pallarés, toro de regalo, consuelo menor.

Madrid, domingo, 3 octubre de 2021. (COLPISA, Barquerito). Seis toros de Adolfo Martín y un sobrero de Pallarés (José Benítez-Cubero). Antonio Ferrera actuó como único espada. Silencio, saludos tras un aviso, silencio, silencio, silencio tras un aviso, palmas tras un aviso, silencio tras aviso y una oreja del sobrero. Los dos sobresalientes, Álvaro de la Calle y Jeremy Banti, intervinieron en los seis quites del caballo. De la Calle, en los toros impares, y Banti en los pares. Fernando Sánchez fue aclamado -la gente, de pie, tras prender pares de tercero a segundo y quinto. José Chacón corrió a una mano con categoría al sexto. Antonio Prieto cobró dos grandes varas al segundo. 6ª del abono de otoño. 7.500 almas. Nublado, fresco, otoñal. Luz natural a partir del tercer toro. Tres horas de función.

LA AVENTURA de Antonio Ferrera fue esta vez una apuesta: matar seis toros de Adolfo Martín en las Ventas. Seis de seis ganaderías distintas había matado aquí mismo hace dos años tan solo. Salió cara entonces. Todo al revés en esta nueva baza, en cambio.

 

De hechuras desiguales, astifina, muy vareada con la excepción de un cuarto de hermoso porte, la corrida de albaserradas de Adolfo se prestó a pocas alegrías. Pronto, codicioso y noble, el terciado primero descolgó, pero aguantó en serio apenas veinte muletazos. El segundo, veleto, muy ofensivo, degollado y sacudido, negro entrepelado, al borde del límite de edad reglamentaria -casi seis años- fue bravo en el caballo y de son mutante en la muleta. El de más personalidad del envío.

El tercero no hizo otra cosa que escarbar y escarbar. El cuarto, el de más serias hechuras, encampanado después de los dos primeros tercios, tuvo fijeza y aire desafiante. Se quedó sin ver del todo. El quinto se echó apenas abierto en los medios en el comienzo de faena. El sexto, suelto y huido, fue de conducta impropia de la casta brava.

Ferrera planteó la lidia de los cuatro primeros como si se tratara de una corrida concurso. Con alardes excesivos en el tercio de varas. El toro, puesto en los mismos medios. Hasta pretendió que el segundo se arrancara de punta a punta, desde el burladero del 1 al del 7, atravesando el ruedo todo. Las peleas de esos cuatro primeros toros no tuvieron mayor relevancia, aunque el tercero, de tan mala nota, derribara. También hizo Ferrera amago de que la corrida se picara con solo un piquero en la arena. No tuvieron eco las buenas intenciones. Los dos últimos toros se picaron como y donde se pican los toros de Madrid. Y el sobrero de regalo que Ferrera pidió y arrancó de la benevolencia del palco, también.

La lidia y muerte de los seis toros previstos del programa se consumió cargada de tiempos muertos y empeños baldíos. El viento descubrió no poco a Ferrera cuando parecía acoplado con el noble primero. Las dudas asomaron en la pelea con el segundo, al que llegó a traerse de frente y con el que vino a descararse a última hora en la que fue, después de todo, su faena de mayor entrega. Con el tercero no quedó más remedio que abreviar. Con el serio cuarto no llegó a verlo claro ni a componerse. Al quinto, después de derrumbado, le pegó muchos medios muletazos al abrigo del viento y al calor de los tendidos propios del sol, el 4, el 5 y el 6, y hasta ahí mismo. Con el raro sexto cobró en viajes sueltos pases sueltos también. Ese fue el único toro que Ferrera brindó al público. El último, que vino a ser el penúltimo, pues, antes de montar la espada, Ferrera hizo gestos al palco pidiendo el sobrero.

El sobrero fue un clavo ardiendo. El clavo fue un toro de Pallarés muy bien hecho, noble y de buen son. Con ese sobrero inesperado Ferrera trató de redimirse. La tarde se había ido sin la menor gloria. Ni el talento reconocido de lidiador experto, ninguna fortuna con la espada, muchas indecisiones a la hora de elegir distancias, terrenos o estrategia. Pocas ideas. Sin sentirlo, la corrida se le había ido cayendo encima un toro tras otro.

La idea del sobrero fue acogida con general aprobación. Ferrera se esmeró. Lances de saludo muy voluminosos, capote despegadísimo, autoridad. Un tercio de banderillas espectacular. Sacó con él a los tres rehileteros que más habían brillado con la corrida de Adolfo: Fernando Sánchez, José Chacón y Joao Diago Ferreira y con ellos compartió tercio. Fue por delante Antonio con un cuarteo sencillo. El tercio se celebró como un espectáculo. Y también una faena de desigual traza, pero donde no faltó la ligazón en tres tandas en redondo, ni apuntes de toreo despacioso y al desmayo. Tampoco las reuniones desiguales ni las pausas. Al cabo de dos horas y media pasadas Ferrera ni acusaba cansancio ni frío. Pidió un segundo sobrero. Se lo negó el palco.

Mucho frío y acabó muy tarde. El viernes que viene, más.

Última actualización en Domingo, 03 de Octubre de 2021 20:48