TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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BARQUERITO. Crónicas viejas y Cuaderno de Bitácora de hoy

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De vuelta al tajo. A la espera de que el calor amaine. Abrí una hoja del balcón a las nueve de la noche y sentí que entraba en casa una llama de fogata. Retomo la costumbre de rescatar textos viejos de toros, crónicas de años anteriores. (Me tienen quemado los antitaurinos oportunistas que desprecian cuanto ignoran y siguen confundiendo el toreo con la matanza)

Hoy, en la tarde de San Ignacio, no ha podido celebrarse en Azpeitia la corrida mayor de la feria, que se suspendió por razones mayores: la pandemía. Ni siquiera el coro de la parroquia y su organista han podido acompañar la misa mayor de la parroquia, que es solemne y sencilla. No ha habido procesión del santo por las calles del casco viejo. La banda municipal no ha tocado la Marcha de San Ignacio. Buscada en You Tube.

 

Pero he hablado con Huiti Odriozola. con Joshin Iriarte y ;Mariano García Donald (artista invitado) y es como si hubiera estado allí. Ya ha abierto el Izarra y anoche dieron cenas. Esta tarde, 23 grados.

Las dos crónicas, de signo distinto,son de las corridas del día de SAn Ignacio de 2018 y 2019. En una se pegó un batacazo Cuadri com una corrida de mala nota. En otra Ana Romero brilló con luz propia. La ganadera, ya anciana, murió al empezar el verano en su casa de Jerez de la Frontera. Una dama deliciosa. Y así salían sus toros.
Mañana, más.

 

Crónica de la corrida de Azpeitia. 31 de julio. 2018. Azpeitia: 3ª de San Ignacio

Cuadri, un naufragio

Corrida de mayúsculo volumen, pero con cuatro toros de muy pobre nota. Se quiebra una racha de la ganadería. Con dos toros de perezosa razón, Pepe Moral firma dos trasteos serios pero larguísimos

Azpeitia, 31 jul. (COLPISA, Barquerito) Azpeitia. 3ª de San Ignacio. 3.400 almas. Bochorno. Sirimiri en los dos últimos toros. Dos horas y media de función. Seis toros de Cuadri. Rubén Pinar, silencio en los dos. Pepe Moral, vuelta y saludos tras un aviso. Tomás Campos, silencio en los dos.

ASOMAR TRAS LEVE espera y hacerlo con relativo brío; soltarse de capa lamiendo tablas desde el principio: frenazos recelosos en la brega antes de varas; indeciblemente tardos a la vista del caballo y desparramada la mirada con las cuadrillas de guardia; esperar, cortar y atacar haciendo hilo en banderillas; aplomarse, pensárselo, regalar muy contadas embestidas; remolonear y agarrase al piso, escarbar en algunos casos y revolverse;  medir antes y después de la igualada y, con la espada dentro, acularse en tablas y defenderse sin descubrir cuando llegó la hora del descabello. Todo eso fue nota común a cuatro de los seis toros del envío de Cuadri.

Con tenazas Pepe Moral les sacó a segundo y quinto muletazos de trazo largo, bien tirados, ligados y abrochados, pero en faenas incontinentes, es decir, larguísimas y repetitivas. Con su mérito, su paciencia, su buena colocación, su decisión, su encaje. Al segundo le pegó de salida el torero de Los Palacios cinco verónicas de rico compás y a suerte cargada. Tuvo entonces que tragar paquete porque ese toro, uno de los solo dos que se salvaron de la quema, fue de aire celoso antes de picado.

La cuadra de caballos de Peña, tan bien domada, tan hermosa y tan variada de pintas, se portó una vez más, resistió y aguantó los trompazos de los toros de peor genio, y salió de suertes con admirable ligereza. En la que iba a ser su única oportunidad de la tarde, Tomás Campos, que, igual que Pepe Moral debutaba en Azpeitia, firmó con el segundo un delicado quite por chicuelinas, tres, y revolera.

El tercero de corrida, primero de lote del torero de Llerena, toro con pies de salida, hizo amago de galopar, y quién sabe si… Pero antes de vérselas con el piquero enterró pitones y estuvo a punto de cobrar un volatín. Como la corrida fue sin excepción de cuajo monumental, el rebote de la voltereta sonó como un cañonazo. Entró en el catálogo de los tardos y probones, y a partir de la segunda tanda empezó a oler presa.

El primero, con la vuelta de Rubén Pinar a la feria, pasó de los 600 kilos y no pudo con ellos. Mole bestial, apalancado, ni el menor motor, reservón, poquísima fuerza y menos gana. Antes de pararse en seco, se derrumbó desparramado.  Lo mismo sucedió con el sexto, el último toro de la feria, que, caprichoso azar, suele dar por norma en San Ignacio juego. Ese toro del adiós galopó de partida, solo que después de una mera vara se plantó y quedó. Los tercios de banderillas fueron interminables. En el del sexto le dieron dos vueltas a la Jota de Borobio, marca de los toros en Zaragoza, pero aquí la palmean como se debe. En las dimensiones del ruedo de Azpeitia pasar con toros de leyenda como los cuadris, porque desarrollan sentido, fue una machada de riesgo mayor. El palco se puso reglamentista sin atender a más razones.

No solo el tercio de banderillas. Las transiciones, los arrastres y la inaceptable, desoladora cantidad de tiempos muertos le dieron al espectáculo aire plomizo, aburrido. En cuanto cayeron cuatro gotas de agua, hubo desbandada en los tendidos. Por agotamiento. Hora y tres cuartos de festejo cuando se soltó el cuarto, que fue el más incierto de todos. Pinar lo fijó de salida con lances templados a pies juntos cosidos con otros de costado y revolera. Pepe Moral se animó a quitar por chicuelinas galantes y larga muy bonita. El toro punteó engaños desde entonces y el torero de Tobarra tuvo la feliz idea de abreviar. Estuvo, como suele, certero con la espada. Y breve.

No así Pepe Moral, que no lo vería claro y, después de rematar dos faenas con desplantes de ingenio y torería -buenas soluciones- se dejó un triunfo. La faena del quinto fue un exceso de tiempo. Casi diez minutos de mareo marinero. La cantidad en contra de la calidad. El toro del cierre fue falsa promesa. Apenas consintió a Tomás Campos esbozar con la izquierda toreo muy compuesto pero natural. Una estocada, cuatro descabellos, toro en huida. Un desolador final. Y en el intermedio, la magia irresistible del Zortziko del Tercer Toro. Un respeto.

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TOROS. Crónica de la corrida de Azpeitia. Azpeitia: 1ª de San Ignacio.

Daniel Luque, qué fácil, qué bien

Una faena templada y rica de facilidad solo aparente y largo fondo. Dos orejas de un noble toro de Ana Romero. Sorprende por su sitio y sentido el francés Adrien Salenc

Azpeitia, 31 jul. (COLPISA, Barquerito)

Azpeitia. 1ª de San Ignacio. Templado, nubes y claros. 3.800 almas. Dos horas y veinticinco minutos de función. Cinco toros de Ana Romero (Lucas Carrasco) y un sobrero -5º bis- de Salvador Gavira Gómez. Daniel Luque, saludos y dos orejas, paseado a hombros. David de Miranda, saludos y pitos. Adrián Salenc, saludos y vuelta al ruedo. Buenos puyazos de El Patilla y Pedro Iturralde a primero y sexto. Pares notables de Raúl Caricol y Gómez Escorial.

ES UN CLÁSICO que la feria de Azpeitia se abra con una corrida de Ana Romero de buena nota. Esta última lo fue. No sin sus imponderables: el quinto de sorteo, el más astifino del envío, de bello remate, buen cuajo y pinta espectacular –cárdeno capirote muy claro, apenas moteado el lomo sobre capa y vientre ensabanados, botinero o calzado-, enterró pitones poco después de haber salido al ataque y a partir de entonces dio en claudicar. Se empleó en el caballo, salió de varas no solo claudicando sino derrengado de cuartos traseros, llegó a doblarse en plancha sobre sí dos veces y fue devuelto en banderillas.

Ese fue el toro que faltó para completar una corrida que, sin ser sencilla, iba para entonces ligera, viva y rodada. Un primero que, sin descolgar y a la espera en banderillas, se movió con ese punto de listeza tan propio del encaste Buendía/Santa Coloma, sin que dos embestidas seguidas fueran iguales. Toro bien tenido en la mano por Daniel Luque en faena poderosa, de gobierno y seguridad llamativos, el sello de habilidad para imponer terrenos y la gracia de una cadenciosa última tanda con la izquierda. Y media estocada.

Ese trabajo tan labrado fue anuncio de lo que iba a llegar en la segunda baza de Luque con el cuarto de corrida, de nobleza casi pajuna, sus pequeñas flaquezas pero su prontitud y su entrega, y su muerte de bravo encastado, que conmovió a la gente tanto o más que su cumplida pelea bondadosa. Faena de dos orejas, que en Azpeitia no se regalan, que fue como el cuerno de la abundancia –tandas de nunca menos de cinco ligados por una y otra mano, y no menos de siete tandas- y que, siendo extensa, no pesó, probablemente por ir a más. Un lindo arranque de toreo a compás y dibujo largo intercalando manos, un cuerpo central de toreo reunido, precisión en cada toque, firmeza relajada, los brazos jugados con insultante facilidad, muletazos enroscaditos cuando quiso Daniel, temple para tirar del toro y hasta sujetarlo cuando tocó hacerlo y, en fin, una facilidad que se tiene por privativa. El remate de faena, con muletazos sin ayuda, encadenados y enjaretados, no ligados propiamente, enlazados con cambios de mano por la espalda, todos ellos de invención y repertorio propios, tuvo efecto deslumbrante. Una estocada hasta la mano, tardó en rodar el toro y la emoción creció de grado. Un triunfo incontestable.

Entre los dos toros de prestidigitación de Luque, se jugaron otros tantos: un segundo que se revolvió por la mano derecha pero metió la cara por la otra, y un tercero noble y tardo, un punto distraído, toro a menos que llegó a recular. Dos toreros debutantes en una feria renovadísima, de cinco caras nuevas en tres carteles: David de Miranda y Adrien Salenc. Discreto y movido Miranda con el segundo. Entonado, firme y caliente Salenc con el tercero, al que toreó de salida a la verónica con ángel, ajuste y cadencia, ocho lances y dos medias de remate.

Soltura impropia de torero nuevo la de Salenc, ideas fluidas, recursos. Con eso caló y llegó a la gente. Faena de fe cuando el toro pareció rendido. Una estocada ladeada al segundo intento. Y otra, de excelente ejecución y en el primer asalto, para tumbar al sexto de corrida, que, fiero de partida, derribó en el caballo, atacó en banderillas y, arriba en la muleta, no fue de trato sencillo: solo empapado en el engaño y traído por delante se prestaba y esa fue la fórmula de Salenc cuando, tras un rico arranque por doblones, acertó con el sitio, la distancia, y se acopló. Solo un parón del toro en media arrancada y la rectificación obligada sobre la marcha. Una faena seria. Todavía planeaba la sombra de la de Daniel Luque, que fue para Salenc un estímulo y no un lastre. Con un sobrero bravucón, temperamental y hasta incierto de Salvador Gavira salió mal que bien del paso David de Miranda. Más mal que bien.

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CdBitácora. Los Austrias. 31 de julio. 2020. (De vuelta al cuaderno de notas dos meses después)

Decíamos ayer...

A finales de abril aparecieron por la Cebada los primeros albaricoques de temporada. La agricultura tecnológica ha sabido prolongar la vida al fruto, que es exquisito. Hay que comerlo con su piel, pellejito rosado y crema, textura aterciopelada pero muy suave, casi curtida. Dos meses después, justo esta mañana he comprado en la frutería de Bejarano el que será seguramente último medio kilo del verano. Acabo de cenar un puré de albaricoque con yogur griego de El Pastoret y en ese momento no me cambiaba por nadie. En el puré –batido a modo- es indispensable el riego de limón exprimido. Optativo un polvo ligero de canela fina. Un manjar.

Leí que en la guerra interminable que Armenia y Azerbaiyán vienen librando sobre la soberanía  del Alto Karabaj en el Cáucaso los albaricoques son la manzana de la discordia. Cien años se cumplen ahora del primer conflicto armado entre armenios y azeríes, que fue una disputa de territorios más entre las muchas peleas políticas que asolaron los márgenes geográficos de la Gran Guerra después del Armisticio de 1918. El imperio de los soviets pretendió armonizar y pacificar aquella guerra tribal. Guerra de religión –la Armenia cristiana, el Azerbaiyán islámico y pro turco- y guerra de sensibilidad: siempre cosmopolita el armenio, comerciante, viajero, cultivado, leído, país de músicos; y solo guerrero, nómada, iletrado, endogámico el azerí, a cuyos pies latían sin nadie saberlo bolsa de petróleo.

¿Petróleo o albaricoques? ¿En qué quedamos? En la última refriega, solo de la pasada semana, patrullas fronterizas de Azerbaiyán han destruido cargamentos de albaricoques, ya los tardíos, listos para la exportación. Por medio kilo he pagado a mediodía en la frutería de Bejarano cuatro euros con cuarenta. Por poco más de tres euros me he estado llevando durante las cuarentenas de la pandemia el kilo entero. La papilla de albaricoque es el sabor de Armenia. ¿La embajada de Armenia en Madrid? Frente a la catedral. Un piso. Y un rey llamado León. Rey de Madrid.

 

Última actualización en Sábado, 01 de Agosto de 2020 21:45