TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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PAMPLONA. Crónica de Barquerito: "Herido Roca Rey, Cayetano triunfante"

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Perera firma la faena de más calidades de la tarde y la feria

Un toro extraordinario de Jandilla

Temeridades e infortunio del torero peruano

Entrega de Cayetano, el público entusiasmado con él

Pamplona, 11 jul. (COLPISA, Barquerito)

Martes, 11 de julio de 2017. Pamplona. 7ª de San Fermín. Veraniego. Lleno, 19.000 almas. Dos horas y veinticinco minutos de función. El paseíllo, con cinco minutos de retraso. Atestado el túnel del callejón. Cinco toros de Jandilla y uno -1º- de Vegahermosa (Borja Domecq Nogueras). Miguel Ángel Perera, silencio y saludos tras un aviso. Cayetano, oreja y oreja tras un aviso. Roca Rey, oreja tras un aviso y, herido por el sexto en la reunión con la espada que se le partió por la mitad, oreja que recogió la cuadrilla. Cornada de 10 cms. en el muslo izquierdo con destrozos musculares. Dos grandes pares de Iván García al quinto toro, en el que saludó montera en mano con su compañero Alberto Zayas. Banderillearon bien Curro Javier y Joselito Rus.

CON CINCO MINUTOS DE retraso el paseíllo. Invasión de espontáneos en el túnel de cuadrillas. Un tapón. Se impacientó la gente y recibieron con pitos a los toreros. Una grave falta de puntualidad. En la corrida del lunes pasó prácticamente lo mismo. Ocho minutos después de la hora de comienzo, saltó un toro de Vegahermosa que completaba la corrida de Jandilla. Con sus carnes y sus puntas. Nada que ver, sin embargo, con las armaduras vistas por norma hasta la fecha. El primer trago suave de San Fermín.

Largo y bien hecho, ese primero, apagadito y distraído, suelto por sistema, embistió a golpes. Pequeños taponazos al salir de suerte, que delatan exceso de manejo. Perera se embarcó en faena larga y justificatoria. La corrida más sencilla de la octava, pero el festejo más largo de la feria. Casi dos horas y media. La plaza, hasta la bandera. Todo el mundo en su puesto hasta el final. Y un desfile de cinco toros de Jandilla de distintas calidades.

Extraordinario el quinto y de franciscano estilo el segundo, uno de los famosos bombones de Jandilla. Los dos del lote de Cayetano, que se estrenaba en Pamplona una década después de la alternativa. Era el torero del cartel. Más que Roca Rey, que aquí mismo arrolló hace un año y de aquí salió disparado. Más que Perera, que ha dado en Pamplona tardes notables. Ni una palma al asomar Cayetano por la puerta de cuadrillas. Ese fue el precio de la demora. Luego, todo el cariño imaginable y más. Tanto que, después de cumplir dos vueltas al ruedo clamorosas, una en cada toro, y oreja en mano las dos, se vio a Cayetano sinceramente emocionado. Se sentiría más querido que en ninguna otra plaza donde haya puesto nunca los pies. Querido, atendido y respetado.

El solo brindis al público del segundo de corrida provocó un estallido de aplausos sin precedentes. Se habían jaleado dos largas cambiadas de rodillas en tablas, cinco lances en línea de buen dibujo y media de remate notable, pero la ovación del brindis fue la más sonora de cuantas le regalaron en esta tarde de tardío debut. Fueron unas cuantas y casi en cascada. Para premiar por igual su lindo manejo del toro de dulce –apertura de rodillas, buen trazo del toreo en redondo ligado, cites semifrontales con la izquierda, dos circulares, airosos remates, bonitas salidas de la cara, una estocada al salto- como la faena del quinto, valerosa pero irregular, porque el toro, bravo, con más hechuras de Pamplona que cualquiera de los otros, tuvo bastante que torear. Faltó temple pero hubo resolución. Y con ella, soluciones atrevidas: dos desplantes temerarios, uno de ellos rescatado del repertorio de su señor padre, Paquirri, que fue “torero de Pamplona” también. Una estocada de fe. Un aviso. Oreja plebiscitada. Y esas dos vueltas al ruedo del todo clamorosas. De las que se guardan los toreros en el baúl de la memoria.

En papel de coprotagonista Roca Rey, que se hizo en plaza en cuanto hubo el menor hueco y salió ya a saludar al tercer jandilla capote a la espalda hasta plantarse en los medios y rematar con alardes que levantaron a la gente y la asustaron. Por capricho de Roca, se quedó crudo el toro en varas y, tras la segunda de poco sangrar, el torero limeño quitó por tafalleras y caleserinas, una revolera y un desplante. Un jaleo que precedió al que luego subrayó una faena precipitada por exceso. Una tanda con la izquierda fue soberbia, pero primaron las tandas en tirabuzón y los grandes descaros sobre el toreo de gobierno. Al toro le faltó un picotazo, o haber sangrado más. Una arrucina espeluznante intercalada con manoletinas puso a la gente de pie. Una estocada trasera. Iba a doblar el toro, pero la cuadrilla, hiperactiva, no lo dejó doblar. Un aviso, una oreja.

En el toro de la merienda, que manseó un poquito pero se dio bien, Perera cuajó la faena más distinguida de la tarde y de la feria. Y si hubiera durado un poquito menos, todavía mejor. Suavidad, ligazón, ajuste, compás caro, temple del bueno, el mismo son por las dos manos, espléndidos remates de pecho. Y hasta una vuelta a los orígenes: la apertura de largo con el cambiado por la espalda y el final por trenzas, ochos y péndulos de sus primeros pasos en la estela de Ojeda. Un pinchazo a toro humillado, ya rajado, un aviso y se quedó sin recompensa la lección, porque lección fue para los dos compañeros de terna.

El último jandilla, jabonero de 600 kilos, estrecho de sienes, fue toro pronto. Roca Rey pretendió cambiarlo con un solo puyazo. Le corrigió bien el palco. Un quite más atrevido que ajustado por saltilleras, una lidia en banderillas manifiestamente mejorable y una faena que pecó, como la anterior,  por precipitada y, sobre todo, por el poco gobierno del toro, que Roca, desarmado cuando quiso imponerse, no llegó a tener en la mano. Indiscutibles la firmeza y el desparpajo. Pero eso no bastó. El toro se empezó a violentar y casi descomponerse cuando Roca se encajó desafiante entre pitones. Un cuerpo a cuerpo. La igualada en la suerte contraria y, en la reunión con la espada, un suceso rarísimo. El estoque se partió en dos. Una mitad dentro, y la otra, la de la empuñadura, por el aire. Cayó al suelo el torero y el toro lo buscó, lo encontró y lo hirió. Una cornada menos grave de lo que pudo haber sido. Era la tarde de la reaparición tras el percance de Badajoz hace casi tres semanas. Le llevaron a la enfermería la oreja jabonera. No pudo salir a hombros, que sería su sueño a la hora de la siesta.

Postdata para los íntimos.- He estado contando los bancos de la plaza del Castillo a una hora en que no había sentado casi nadie y tengo que corregir un comentario gratuito de antier. Dije que había más bancos en la plaza de San Francisco, y no. No es no. ¡Nooooo! Es que en la del Castillo hay no menos de trescientas plazas de asiento, o en bancadas de diez plazas o en las corridas de treinta.
Creo que Pamplona es la ciudad española con mayor proporción de bancos de madera, y de piedra también, por habitante. En Carlos III alternan los de piedra y madera casi a la par. El tramo entre Merindades y Cortes de Navarra está infestado de feriantes y casetas, y solo en la boca ya de la plaza se mantiene fresco un parterrito de flores de verano siempre frescas, siemprevivas, pensamientos, begoñas. Muy poco si te acuerdas de aquella mediana de césped donde te echabas a dormitar después del encierro, a veces sin haber pasado por una cama en largas noches sin tregua y esperando tan solo el canto de la aurora. Y el cohete de las ocho en punto, campanadas de San Cernin y a correr. A correr o a pegarse a una pared contemplando la manada. ¿De Miura? De  Miura también.
He ido a los toros con bastante tiempo y he ido contando los bancos de la Media Luna plantados en la senda de ronda desde donde se divisa tanta tierra por delante. Ha sido un día de luz clarísima y prístinos cielos. Los cogollos urbanos, sobredificados de la Chantrea son duros de ver. Como los de la Rochapea desde el paseo de Ronda. Pero, sabiendo que la Rochapea fueron huertos feraces hasta hace no tanto, basta con un poco de fantasía. Se divisa la carpa de un circo. Las atracciones de feria son ruidosísimas incluso a mediodía. Hay una montaña rusa tan temible como su ruleta hermana. Las atracciones de feria las carga el diablo. Y la ruleta rusa también. No dispares. Con que apuntes me basta.
Las huertas tan bien labradas y los invernaderos de la Magdalena parecen tierra tejida, trama de tricotar. Desde la Media Luna se pueden contemplar un criadero y picadero de caballos, que esta mañana no paraban de moverse, y esa pasarela japonesa sobre el Arga que une a pie dos mundos tan distintos -Pamplona y sus satélites- como los de la llamada cuenca de Pamplona. La cuenca del río Arga, que esta mañana ni bajaba ni subía. Como el agua de los estanques de apenas fondo. Es mejor ver el Arga en Burlada -en La Nogalera- o en Huarte. Verlo y oírlo.
Me he estado un rato largo estudiando la maqueta en madera de Pamplona que en 1900 realizó para no sé si el Ayuntamiento un Luis María Sarasola. La maqueta se expone en el atrio del Archivo de Navarra, levantado donde fue y estuvo el castillo real, en el alto mayor de la ciudad, dentro de la muralla y cara a Francia. Las murallas de Pamplona no se empezaron a demoler -la parte demolida, se entiende- hasta 1915. Las obras de reforma y apertura acabaron en 1921. Seis años tirando piedras de muros y baluartes. En la maqueta aparece la vieja plaza de toros decimonónica, y un recorrido de encierro con final distinto del de ahora, porque la plaza nueva, de 1922, está construida sobre un paso de muralla entonces inaccesible. La división de Pamplona en tres burgos separados y distintos, casi castas -la Navarrería, San Nicolás y el burgo de los Francos- se refleja muy bien en la maqueta. Las huertas de Santo Domingo eran ya en 1900 las corraletas de los toros de San Fermín. Las arterias lineales -Estafeta, la calle Mayor y  Eslava´se distinguen muy bien.
Qué bonita es la iglesia de San Nicolás, mi preferida. Pero me gustan las dos torres de San Cernin más que cualesquiera otras. Como Pamplona es una ciudad meseta, el ferrocarril se trazó por la orilla del Arga. Y está lejos.
En el termómetro de la Óptica Rouzaut, en la calle Chapitela, marcaba 21 grados a las 11 de la mañana, presión atmósferica de 769 milibares. Por la tarde hizo mucho calor. Comí como y donde puede una sopa de pescados sabrosa y un trocito de merluza a la plancha de carne blanca como la nieve del FujiYama. Es que vi a dos peregrinos japoneses equipados como para escalar los Himalayas en la calle Mercaderes, y no sé si me dio pena o me produjo admiración. Menos peregrinos de Santiago este año, pero más previsores.
Anteayer se cumplieron cincuenta años de la alternativa de Robert Ryan en la monumental de Tijuana. Es singular la emoción de poder celebrarlo. (En Facebook hay unas cuantas fotos.relevantes) Vivan los toreros de California! Vivan! (Los toreros artistas, o sea...)
Última actualización en Martes, 11 de Julio de 2017 22:29