TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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MADRID. Crónica de Barquerito: "Notable novillada de María Cascón"

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Dos toreros heridos: grave el colmenareño Juan Miguel, cogido en un quite, y de pronóstico reservado el arlesiano Younés, herido al atacar con la espada

Sereno esfuerzo del extremeño Mario Palacios.

Madrid, 2 jul. (COLPISA, Barquerito)

Domingo, 2 de julio de 2017. Madrid. 47º festejo de la temporada. Primaveral, muy ventoso. 3.500 almas. Dos horas y cuarto de función. Seis novillos de María Cascón. Sacaron a saludar al mayoral tras el arrastre del último. Juan Miguel, saludos. Herido grave por el tercero en un quite. Mario Palacios, que mató cuatro novillos por percances de Miguel y Younés, silencio tras aviso en los cuatro. Andy Younés, saludos. Herido de pronóstico reservado por el tercero. Roberto Ortega, de la cuadrilla de Palacios, oportuno y competente.

LA SERIA NOVILLADA de lisardos de María Cascón tuvo, entre otras virtudes, la nobleza. Y, sin embargo, azares del toreo, el tercero de la tarde hirió a dos de los espadas de la terna. En un quite de pura osadía –iban a ser gaoneras, en los medios, el viento desatado- Juan Miguel salió arrollado y volteado en solo la primera reunión. Una cogida muy aparatosa. Una herida en el cuello y otra en el escroto. Antes de soltarse el sexto de corrida ya había sido operado en la enfermería de la plaza.

Andi Younés, firme y resuelto con ese tercero, salió prendido al cobrar un segundo pinchazo arriba pero sin cruzar. Voltereta terrible, del suelo lo volvió a prender el novillo. El joven novillero de Arles cayó conmocionado, parecía que inconsciente. Cuando se lo llevaban hacía la enfermería cruzando la arena, volvió en sí, se desasió de las asistencias, puso pie en tierra con la mirada puesta en el toro que acababa de cogerlo, se hizo quitar la chaquetilla, reclamó la espada, consiguió la igualada en el mismo terreno del percance, se tiró con ciega fe y clavó la espada hasta la bola. Dobló el toro.

El momento de la corrida. No el toro, que, tardo y revoltoso, la cara arriba por picado muy trasero, desdijo de la buena condición de la novillada toda. Antes del percance, Younés se había hecho querer en una suerte de alarde: el circular cambiado abrochado con un cambio de manos y el de pecho. Dos veces. Después del percance, un inquietante parte médico: traumatismo cráneo encefálico con herida en el parietal derecho, un puntazo corrido en el muslo izquierdo, otro en la tibia y una contusión del tobillo derecho. Casi un parte de guerra.

Fue la tarde más ventosa de la temporada en las Ventas. A nadie –ni mozos de espadas ni banderilleros- se le ocurrió tirar los clásicos papelitos que suelen señalar el único terreno idóneo para torear en Madrid en tardes así. Las tablas de los tendidos 6 y 5, remansos de sol. En los terrenos opuestos de tablas, rayas y tercios de sombra, matadores y banderilleros se vieron descubiertos una y otra vez. En los medios, donde la cogida de Juan Miguel, más que en ninguna otra parte.

Embistieron mucho y bien cuatro de los seis novillos del envío. Solo en la víspera, en Zamora, se habían jugado cuatro toros muy completos de Puerto de San Lorenzo, ganadería matriz de la de María Cascón, y uno de ellos había sido indultado con clamor popular. Los nombres de cuatro de los seis elementos de esta primera novillada del verano en Madrid  remitían a reatas buenas y fiables del Puerto: Pitillito, Bilbatero, Cantinillo y Cantinero. Los solo dos que por el nombre no atendían a las leyes de la reata –un Mariposino tercero, el de las dos cogidas, y un Playero grandullón y fuera de tipo, jugado de sexto- desentonaron. Los cuatro buenos descolgaron, humillaron, se movieron codiciosos y sin desmayo, y tres de ellos llegaron a planear. Aunque el público de verano en Madrid es imprevisible por abigarrado, basto el sentido común y de la medida de unos pocos para celebrar la calidad de la novillada.

El extremeño Mario Palacios, cacereño de Cañamero, se las hubo de ver con cuatro novillos. Tres de los de nota y un último que no. Estuvo más entero que afortunado, más firme que inspirado. Pecó de porfión: faenas larguísimas sobre el patrón de los dos pases, estrategia condicionada por el viento, pero ideas más planas que agudas. Y aunque el valor es siempre digno de respeto, y más en sus circunstancias, se acabó impacientando con Mario quienes sintieron que las embestidas de sus tres toros de gracia dieron para algo más que el toreo lineal. Una excelente tanda con la izquierda, buena colocación, serenidad. Todo eso, sí, pero no fue suficiente. Y un golpe de fortuna: el segundo lo empaló en la reunión con la espada. Salió ileso del trance.

El primero novillo, abanto y asustadizo de partida, querencia acusada a terrenos de sol, rompió a embestir en la muleta con excelente son. Se soltaba de vez en cuando. Muy peleón y entregado Juan Miguel, pero en faena de dientes de sierra, de muchas voces, casi gritos, no exenta de muletazos de rica verdad.

Postdata para los íntimos.- La tarde más ventosa del año. La semana del frío, la última de junio, terminó ayer. 27 grados esta tarde. La plaza vacía. Un paisaje desolador. Una madre italiana con dos hijos delante del palco 16, la fila 27 del 1 alto. Estaban sentados a las 6 y cuarto. El hijo varón, hiperactivo incurable, hacía juego malabares con una botella de agua. La madre heblaba por teléfono. La hija, catorce años o así, parecía ajena y aburrida. Se han ido al arrastre del primero. Se perdieron las cogidas.