Sevilla, 27 de mayo de 2010 Habrá un antes y un después de este paupérrimo ciclo de San Isidro 2010. Hasta ahora nada ha pasado y mucho ha sucedido. Nada de toreo, salvo la excepción de escasos matices, y sí la fortuna de Julio Aparicio al salvar su vida en la tristemente célebre tarde de su cogida. No más. Quién lo diría, pero es así: la gente está cansada, aburrida de pretextos y engaños, de tanto toro cornalón ayuno de bravura. Como si la casta estuviera sentenciada a desaparecer del campo ganadero. Como si la falta de raza diseminara la bravura para corroer aún más los pilares de la Fiesta. En todo caso, el desconcierto en Madrid se ha hecho patente, y es que falta el toro de forma generalizada. Pero también falta el torero....LEER MAS





