TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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BILBAO. LOS TIMBALES de Paco Cerezo: "Llegó Miguel Angel Perera y dijo: ¡Aquí estoy yo!"

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Timbales

El hoy número uno del escalafón se pasó por la piedra a Enrique Ponce y al Juli. ¿Hay quien dé más?

¡"Pos" no!, que dirían las encantadoras niñas de unos amigos míos.

Toreo grande, ampuloso del de Puebla del Prior, que ha puesto en el mapa tal lugar, dándolo a conocer por las Españas.

Además de torear, hacer patria, siendo fiel a los orígenes.

Por tanto, hay que alterar el orden de lidia y ocuparse en primer lugar del torero pacense.

Perera, que, amén de gran torero, es inteligente, y se deja los toros sin picar, por que si no, se queda sin toro.

Esto hizo con los Garcigrandes, para mí "garcichicos". Para entendernos, puro Domecq, linea paterna Juan Pedro.

Variado con el capote, flámula en mano Miguel Angel se marcó un recital de no te menees. Poderosísimo con la diestra, en derechazos inacabables.

Impecable al natural, rozando la perfección, los de pecho, los adornos en el momento oportuno.

La gente de pie con el torero, reclamando igualmente el indulto del toro, que resultó ideal en la muleta.

El zarandeado presidente, pensando en que para ello, hay que pelear en varas...

Entre dudas de si lo mato o no lo mato, pasó el tiempo inexorable incluso para el reloj.

Entró a matar el torero y la espada cayó donde cayó.

Clamorosa petición desatendida por el usía y bronca de aupa.

Más cabreado que un tximino, salió Perera a ratificar su gran momento y su torería.

Otra gran faena, de tanto calado como la anterior, pero sin más meritoria, ante un oponente que protestabay al que Miguel metió en el saco.

Otra vez la espada cayó a trasmano, pero daba igual.

El público soberano solicitó las orejas y, reglamentariamente, el palco concedió una. La otra es potestad del presidente, que se mantuvo firme y creo que también "reglamentariamente" dejó la concesión del trofeo para mejor ocasión.

Enrique Ponce demostró su torería y poco más le permitieron sus antagonistas y el público le premió con abundantes palmas y ovación de despedida.

El Juli anduvo por ahí en su primero y se aplicó más en el quinto, con una faenita de andar por casa.

Mínima petición, que a la presidencia le debió resultar abultadísima y "oreja que te tienes".

Buena entrada y toros flojos.

Todo no puede ser.

¿Juzgamos al presidente?

¡Pues vamos!

Un cero rotundo en la concesión de oreja al Juli.

Algunos decían que se le veía el plumero (yo, en realidad, no se lo que quiere decir esto).

Y un notable alto por no conceder el segundo trofeo al gran torero extremeño.

El público debe tener en cuenta en que plaza está y que esto no es la feria de Valverde, en la que quien más pone, más pierde, y de otro modo, podía ser la Tragedia de la Viña, el que no come, la diña.

Pongamos las cosas en su sitio, ¿eh?