TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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BILBAO. "LOS TIMBALES" de Paco Cerezo: "Tres puyazos en todo lo alto para la Junta"

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TIMBALES

Concluido el primer tercio del serial vistalegrero, cómo para tantear el devenir del resto, el resultado no ha podido ser más negativo.

La respuesta de los bilbaínos ha sido contundente y ha constituido un serio primer tercio, tercio de varas para la Junta, que ha recibido tres puyazos en todo lo alto de los que hacen pupa.

Sonoro aldabonazo para quien quiera oír.

Tras el tostón de rejones, el tedio en el primer festejo a pie firme, con los toros complicados de Fuente Ymbro, que ha poco salía todo bueno y ahora parece que sus pupilos quieren jugarle una mala pasada a Ricardo Gallardo, combinando unas corridas buenas y otras malas, nada de términos medios, lo que trae a mal parar al buen ganadero.

¡No te cabrees, Ricardo!

 

A revolcón por coleta salieron Manuel Escribano, Alberto Aguilar y Jimenez Fortes, como es habitual en el espigado tercer espada.

El peor librado fue Alberto Aguilar, que se llevó una tunda monumental, y quien mejor parado salió, Escribano, con una aceptable caligrafía.

Cumplió bien la corrida de Alcurrucén, aunque manseó, con buenos toros cuarto, quinto y sexto, con los que lograron lucimiento sus tres presuntos matadores, haciendo sonar la música y encendidas palmas.

Oreja para el azteca Joselito Adame y para el salmantino Juan del Álamo.

Sin embargo, ¡oh, paradoja!, Paco Ureña, el torero de la huerta, quien hizo el toreo de mejor calidad, profundo, sincero, con mando de excelente corte.

Todo un descubrimiento.

¡Ahí viene Paco con la rebaja!

Y entramos ya con los platos fuertes, algo así como la semana de los farolillos, solo que a la bilbaína, con uno de los festejos estrella, una corrida mixta, emparejando al matador de toros Enrique Ponce con el rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza en un mano a mano como de ciencia ficción.

Me recordó el título de una película antañona titulada “Maribel y la extraña familia”.

En el evento participaron, aparte de los citados, dos sobresalientes, uno a caballo y otro a golpe de calcetín, y los corceles Jumillano, Disparate, Chenal, Pirata

Más personajes que en una novela de Agatha Christie, solo que aquí el asesino no era el mayordomo… ¡Menos mal!

Tras agasajar a Pablo y a Enrique en sus bodas de plata profesionales, echa a andar el triste cortejo en inusual paseíllo, realmente esperpéntico.

Enrique Ponce cumplió con detalles toreros en su primero, se quitó de encima al Victorino, al que metió hasta tres veces al caballo, y entusiasmó a los escasos tres cuartos de plaza con un toreo técnicamente perfecto, ligando a un buen “juanpedro” con arte, quizá con el defecto de conservar las distancia de seguridad con amplitud.

Con el palco y el público deseando concederle las dos orejas, a la hora de la verdad se descompuso el matador y liquidó malamente al buen astado. No obstante, recibió el calor y el fervor de un cónclave muy fiel a este torero.

Pablo Hermoso puso la plaza de pie en unas pasadas briosas, de gran cercanía, llevando al burel prendido y embobado, unas veces a la grupa y otras en la cola de sus pintados y preciosos corceles.

Lo jodió todo con las patas de atrás, que diría castizamente un mal hablado, ya que los rejones de muerte más parecieron en su mano una piruleta.

Más eficiente en su segundo con los aceros, logró las dos orejas, tal y como pretendía el guión de este evento preparado para el triunfo.

Con el toro de Victorino, reglamentariamente y más despuntado, dejó ver que no está para victorinos, ni están los victorinos para el rejoneo.

Salió en estellés a hombros y tutti contenti.

Total, que nos tragamos el esperpento. Si bien es verdad que este tipo de momentos no tienen razón de ser.

De esta clase de espectáculos, libéranos, Dómine.

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Última actualización en Miércoles, 20 de Agosto de 2014 10:26