TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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BILBAO. Los "Timbales" de Paco Cerezo.

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Tras unos años de euforia, en Vista Alegre se han encendido las alarmas.

Las entradas registradas en la última Aste Nagusia han sido decepcionantes. La referencia fué el festejo de rejones inaugural, que apenas registró tres cuartos de aforo, cuando fué lleno en las últimas ediciones.

Pero eso no ha ocurrido de forma espontánea, ya venía avisando tres o cuatro años atrás, cuando empezaron a observarse evidentes claros en los tendidos, que aumentaban año tras año, evidenciando que las Corridas Generales no despertaban el interés de un lejano cercano.

Pero es más fácil echar mano de la crisis, que efectivamente está ahí, como culpable de la deserción...

Sin embargo, venía asomando, para quien quisiera verlo.

Las Corridas Generales, en su corto recorrido es, quizá, una de las citas más importantes del calendario taurino.

Madrid y Sevilla, con sus ferias kilométricas, por eso mismo, no pueden ofrecer la calidad de Bilbao.

Pero si a este breve e importantísima cita le meten tres o más corridas de nulo interés, el invento se viene abajo.

Más claro.

En las tardes en que han participado El Juli y Ponce, la entrada fué de tres cuartos de plaza. Esto indica que si el tercero en discordia, Manzanares, hubiera actuado también, el aforo hubiera sido similar.

Hay que reconocer con tristeza que un cartel que hubiera llenado en la Monumental de las Ventas del Espíritu Santo, apenas concitó medio auditorio en este Bilbao peculiar, distinto, que sólo podemos entender los indigenas, no por otra cosa que por definición.

Así, el cartel de El Cid, Iván Fandiño y David Mora, frente a toros de Jandilla, el picante de Domecq, apenas despertó interés.

Seamos más claros todavía.

En este territorio histórico, a los toreros locales, se les trata poco menos que a alpargatazos.

Bueno, pero a lo que estamos.

Hubo tres corridas, domingo, lunes y domingo último, donde el público mostró su total rechazo, esta vez más a las claras que nunca.

Las corridas que en otras plazas sirven para inflar el número de festejos, se desinflaron como un globo de gas.

A ver si este rechazo definitivo sirve para aclarar las ideas a la hora de confeccionar carteles.

De nada sirve la foto de archivo que nos muestran año tras año, de la masiva afluencia en taquillas el primer día de venta de localidades.

Vas al día siguiente y aquello parece el Sahara.

Se habla de suprimir una corrida, aunque en mi opinión particular serían mejor dos, y dejar en siete el número de festejos.

Las corridas que se dieron domingo y lunes no despertaron ningún tipo de interés, acercaron muy poco público a la plaza. Puro trámite.

Son las clásicas corridas con toreros pasados de rosca y lejos de su mejor momento, corridas al amparo del abono, en las que de no ser por este, la asistencia sería casi nula.

Quedaría muy bien una semana entera de toros y Santas Pascuas.

El público no traga estas corridas recurso, y muestra su rechazo año tras año. ¡Pues vamos a quitarlas!

En otro orden de cosas, también se ha observado cierta dejación en esos pequeños detalles que hacen grande y única la plaza de Vista Alegre.

La banda, tan alabada,

en días funcionó a medias

y sonaría mejor

tocando a tutta la orquesta.

Tambien resultó muy ramplona la actuación de los timbaleros, su presentación. Daba pena ver emerger desde su balconcillo particular a los clarineros en mangas de camisa y, para más inri, cubiertos con un chubasquero de dos reales los días que amenazaba lluvia.

¿Que ha sido de sus tricornios y de sus lujosas libreas?

¡Que las busquen!

Los detalles que adornan y embellecen el entorno de la Fiesta hay que cuidarlos y conservarlos.

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